
El atasco provocado por el buque Ever Given genera un efecto dominó en la economía que, junto con la pandemia, apuntala la crisis de la cadena de suministro global
El carguero Ever Given, del tamaño de dos estadios como el Bernabéu o el Metropolitano, bloquea desde el pasado martes el canal de Suez, el mismo que hace 60 años sepultó al ya decadente imperio británico y que desde hace décadas se ha erigido como la principal vía marítima que conecta el transporte de energía y bienes entre Europa y Asia. Cuando se cuentan ya más de 72 horas del encallamiento, y sumando, este cuello de botella colosal ya se empieza a sentir no solo en El Cairo, sino en los grandes puertos europeos como los de Génova, en Italia, Barcelona, Valencia y Algeciras, en España, y llegando hasta los confines de EE.UU., India y por supuesto China.
ueve remolcadores, dos dragas y cuatro excavadoras, además de numerosos operarios y expertos trabajan contra reloj para desbloquear el Canal de Suez en el que quedó atascado el pasado martes un carguero de una eslora de 400 metros, similar a la altura del Empire State de Nueva York, con una capacidad de carga de 224.000 toneladas. Entre los expertos consultados, la respuesta sobre cuándo podrá moverse el barco es difusa y alarmante: se tardará días e incluso semanas. El intento de este viernes por reflotar el barco volvió a fracasar, como sucedió el día anterior. Así lo anunció Bernhard Schulte Shipmanagement (BSM), la empresa gestora de la mercancía que transporta el carguero Ever Given
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