
Mirando atentamente la escena global desde unos años, se ve emerger potentemente a dos fenómenos de una transversalidad nunca vista, tanto social como étnica y cultural, multitudinaria, que tomaron por asalto una agenda mental, subcutánea, ya domesticada por gobiernos, corporaciones y medios, y pusieron en cuestión lo establecido no hace diez o veinte o cien años, sino muchísimo antes.
Los feminismos y el activismo medioambiental se unen ahí, en ese punto ciego de la protesta visceral, con la furia de la cuenta pendiente, con el atragantamiento de lágrimas transgeneracionales, con una decisión no instada por líderes políticos sino sociales y por colectivos que interpelan a la política tradicional. En distintos idiomas dicen lo mismo: basta de colonización.



El gobierno chino anunció inversiones por un valor próximo a los 55.000 millones de euros en países del Continente Negro, como Nigeria, Angola, Suráfrica, Etiopía, Congo o Camerún 
