
Por Msc. Yasmín Carolina Corrales González
El feminismo africano está intrínsecamente ligado a las luchas anticoloniales y antiimperialistas, y Palestina no es una excepción. Los países africanos llevan décadas reconociendo el Estado de Palestina y apoyando activamente la libertad palestina. El feminismo panafricano siempre se ha basado en la solidaridad con los pueblos colonizados del mundo, no con sus opresores.
Dra. Lebohang Liepollo PHEKO, sudafricana, activista, economista.[1]
Memoria y Fundación: El Parto Histórico de PAWO
Dedico este artículo a las mujeres africanas en general, y en particular, a las mujeres de Libia, Sahara Occidental, Sudán, Burkina Faso, Níger, Malí, República Democrática del Congo y Sudáfrica. Mujeres arrolladas por la geopolítica de la guerra y del neoliberalismo, consecuencia directa del sistema mundo colonial, patriarcal y capitalista.
Como hemos señalado en otras oportunidades[2], el contexto histórico que sentó las bases del Día Panafricano de la Mujer fue resultado de los procesos de lucha anticolonial que vivió el continente africano en el siglo XX. Por supuesto, la historiografía hegemónica patriarcal dejó a la mujer africana invisibilizada. En nuestra curiosidad y pertinencia histórica, nos hemos trazado como horizonte conocer los procesos genuinos de organización y movilización que la mujer africana ha tejido finamente. Es así como tenemos el hecho histórico de 1962, cuando se funda la Organización Panafricana de Mujeres (PAWO) en Dar es Salaam, Tanzania. Tenemos entonces que el cúmulo de luchas de mujeres a nivel continental dio nacimiento a una acción colectiva no solo para crear un espacio continental orgánico panafricano, sino que antecede la iniciativa de lo que hoy es la Unión Africana.
La historiografía hegemónica, de raíz patriarcal y colonial, ha tendido a invisibilizar el protagonismo de las mujeres en los procesos de liberación nacional. Sin embargo, una lectura situada y crítica de la historia africana revela que las mujeres no fueron meras acompañantes de las luchas anticoloniales, sino actoras centrales en la gestación de nuevos imaginarios políticos y sociales. Por ejemplo, Túnez constituye un ejemplo paradigmático de esta militancia femenina anticolonial, cuyos ecos se extienden hasta los procesos descoloniales que, con distintas temporalidades y matices, vivieron países como Sudáfrica, Argelia o Mozambique. Estas mujeres —militantes y subversivas, atravesadas por la diversidad de religiones, culturas, tradiciones locales e ideologías— acumularon un vasto caudal histórico de movilización que culminó en la creación de la primera organización continental de mujeres africanas. Ese acontecimiento, gestado en el contexto de la Conferencia de Dar es Salaam en 1962, no fue un hecho fortuito, sino un parto histórico genuino: la materialización organizativa de una conciencia feminista panafricanista que venía fraguándose desde las entrañas de la resistencia al colonialismo. Sobre este entramado histórico ya hemos reflexionado en entregas anteriores, y es sobre sus cimientos que hoy construimos nuevas preguntas, tejiendo la memoria como herramienta de reparación y horizonte de lucha.
En este sentido, este año 2026 se conmemoran 64 años de la creación de la fundación PAWO y el trazo de un referente organizacional desde la acción de la mujer africana.
Representación Política: Cifras que (No) Cuentan la Historia
Lo que importa hoy, el problema que bloquea el horizonte, es la necesidad de una redistribución de la riqueza. La humanidad tendrá que abordar esta cuestión, por devastadoras que sean las consecuencias.
Fanon, Los condenados de la tierra[3]
Esta advertencia de Fanon resuena con particular urgencia cuando observamos los datos de representación política de las mujeres africanas. Porque la redistribución de la riqueza —y del poder— no puede darse sin la participación plena de las mujeres en los espacios de decisión. En esta oportunidad, presentaré cifras concernientes al estado de la representación política de las mujeres africanas. Los datos que a continuación se exponen se extraen del Barómetro de Participación Política de la Mujer Africana 2024[4], una herramienta de monitoreo ⁹ elaborada por International IDEA en colaboración con Gender Links, como parte del programa Enhancing the Inclusion of Women in Political Participation in Africa. Esta publicación, que constituye la segunda edición del Barómetro, rastrea diez indicadores clave de representación femenina —desde las cámaras parlamentarias hasta los órganos de gestión electoral, pasando por los gobiernos locales, los gabinetes y el liderazgo de los partidos políticos— en los 54 países del continente[5], ofreciendo un diagnóstico riguroso y actualizado sobre la situación de las mujeres en los espacios de poder.
El Barómetro, lanzado en julio de 2024, parte de una constatación inquietante: con solo seis años para cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5.5, que exige la "participación plena y efectiva" de las mujeres en la toma de decisiones, la mayoría de los países africanos están lejos de alcanzar la paridad. Su prólogo, firmado por la excanciller sudafricana Phumzile Mlambo-Ngcuka, advierte que "para lograr la igualdad de género, necesitamos movilizar no solo al parlamento, sino a la población; no solo a la sociedad civil, sino a TODA la sociedad". Sin embargo, como veremos, las cifras que arroja este informe —por alentadoras que parezcan— no pueden leerse al margen de la violencia estructural que hoy atraviesa el continente.
Tabla 1: Participación Política de la Mujer en África (2021-2024)

Fuente: Barómetro de Participación Política de la Mujer Africana 2024 (International IDEA / Gender Links).
La tabla 1, revela una verdad incómoda: África avanza, pero a un ritmo que condena a las mujeres a la espera. Si la representación parlamentaria continúa creciendo al ritmo actual de un punto porcentual cada tres años, la paridad no se alcanzará hasta el año 2100. La brecha entre los discursos y los hechos se hace evidente al contrastar los indicadores: mientras que los órganos de gestión electoral (29%) y las alcaldías de capitales (30%) —espacios de nombramiento donde los gobiernos tienen mayor control— muestran los mejores resultados, los cargos ejecutivos superiores (13%) y el liderazgo de partidos políticos (9%) —los espacios donde realmente se concentra el poder— son los más rezagados. Peor aún, el liderazgo de los partidos políticos retrocedió tres puntos porcentuales desde 2021, evidenciando que los avances no son lineales y que el patriarcado, como bien señala el Barómetro, sigue siendo "el mayor obstáculo" para la participación política de las mujeres.
La representación parlamentaria en países como Ruanda (61,3%) —la más alta del mundo— contrasta con la realidad de un país inserto en la geopolítica del saqueo y la guerra en la República Democrática del Congo. Sudáfrica (43,5%) y Senegal (46%) muestran avances significativos, pero sus sociedades siguen siendo escenarios de altos índices de violencia de género y desigualdad económica. La participación política de la mujer, por tanto, no puede celebrarse como un fin en sí mismo, sino que debe ser evaluada a la luz de su capacidad para transformar las estructuras de violencia y exclusión que definen la vida de las mujeres africanas.
Según el artículo de análisis “La participación de las mujeres en la política electoral (2024) en África[6]” del monitor de conflictos y resiliencia, ACCORD,
África ha tenido 22 jefas de Estado o de Gobierno, ya sea electas o interinas, desde la década de 1970 en 17 países diferentes, lo que significa que el 32% de las 55 naciones africanas han tenido una mujer ocupando el cargo político más alto. Si bien es significativo que las mujeres hayan podido acceder a altos cargos políticos, esto por sí solo no es un buen indicador de su participación en la política. La representación femenina a nivel parlamentario sigue siendo baja.
A su vez, el artículo ofrece la siguiente imagen 1, tomada del análisis publicado por el Monitor de ACCORD, que sintetiza dos datos clave sobre la participación política de las mujeres en el continente. Por un lado, señala que 17 países africanos han tenido jefas de Estado o de Gobierno, ya sea de forma interina o permanente, lo que evidencia una presencia femenina en la cúpula del poder ejecutivo que, aunque aún incipiente, marca un hito histórico en la política africana. Por otro lado, refleja que el promedio de representación femenina en los parlamentos africanos se sitúa en el 24%, una cifra que supera la media de otras regiones del mundo, pero que aún dista de la paridad real en los espacios de toma de decisión.
Imagen 1: Participación de las mujeres en la política (2024)

El Andamiaje Jurídico: Leyes que No Llegan a los Cuerpos
En esta perspectiva de exploración de datos, tomamos en consideración el situado jurídico. Al respecto, la Tabla 2, hará mención de los marcos jurídicos más resaltantes de la región. Cabe señalar que, en un artículo anterior, realizamos un primer ejercicio de recopilación y sistematización de los instrumentos legales en materia de derechos de la mujer en África (Corrales, 2024), cuyo desarrollo puede consultarse para una revisión más amplia[7]. Sobre esa base, África ha desplegado un andamiaje jurídico que, sobre el papel, se cuenta entre los más progresistas del mundo. El Protocolo de Maputo (2003), ratificado por 46 de 55 países, es el instrumento más avanzado a nivel global por su consagración de los derechos políticos, reproductivos y económicos. A este se suman la Carta de la Democracia (2007), la Declaración Solemne sobre la Igualdad de Género en África (SDGEA) (2004), la Estrategia GEWE (2018-2028) y la Agenda 2063, que en conjunto trazan una hoja de ruta ambiciosa para la igualdad de género. La Tabla 2 sintetiza estos instrumentos clave. Sin embargo, la existencia de leyes avanzadas no garantiza su implementación: la brecha entre el derecho y la realidad, especialmente en contextos de guerra, revela que el desafío no está en la norma, sino en las estructuras de poder que sostienen la violencia y la exclusión.
Tabla 2: Marcos Jurídicos Clave para los Derechos de la Mujer en África

Fuente: Elaboración propia, resumen de articulo 2024.
La guerra no es un telón de fondo. Es el escenario donde se juega la vida de las mujeres africanas. Ahora bien, luego de exponer algunos datos y situar el marco jurídico, pasaré a contrastar estas cifras con el estado actual de la mujer africana en el contexto de la geopolítica de la guerra. Porque las cifras de representación parlamentaria —por alentadoras que parezcan— no pueden leerse al margen de la violencia estructural que hoy atraviesa el continente. Vale decir que todos los datos considerados fueron construidos desde la comprensión blanca colonial internacional, lo que nos obliga a una lectura crítica y situada. Es en ese cruce entre la norma y la realidad, entre el derecho y el cuerpo de las mujeres, donde se juega el verdadero sentido de la participación política femenina en África.
La Guerra Contra el Cuerpo de la Mujer: Datos que Estremecen
La coyuntura actual no es producto del azar, sino de una geopolítica de guerra y un neoliberalismo depredador que toman a África como espacio existencial de reproducción y saqueo. El siglo XXI se ha consolidado como uno de los períodos más guerreristas de la historia contemporánea, y África ocupa un lugar central en esta geografía de la violencia. Porque mientras celebramos que Ruanda tiene un 61% de mujeres en el parlamento, en Sudán las mujeres son sistemáticamente violadas, asesinadas y desplazadas.
Los datos del sistema de Naciones Unidas para 2025 son elocuentes: la violencia sexual relacionada con conflictos alcanzó un nivel sin precedentes, con 9,788 casos verificados, más del doble que el año anterior, aunque la cifra real sería considerablemente mayor debido al subregistro y las dificultades para denunciar estos delitos. Cerca del 90% de las víctimas son mujeres y niñas, y casi 3,000 menores sufrieron violencia sexual durante 2025, un incremento del 37% respecto al año anterior. La República Democrática del Congo, Sudán y la República Centroafricana concentran el mayor número de casos verificados, donde la violación, la esclavitud sexual, el matrimonio forzado y la trata de personas continúan empleándose deliberadamente como tácticas de guerra, terror, represión política y control territorial. La representante especial de la ONU, Pramila Patten, ha subrayado que estas agresiones ya no pueden considerarse consecuencias colaterales, sino estrategias militares destinadas a desplazar comunidades, intimidar a la población y consolidar el dominio sobre territorios. Más de 38,000 violaciones graves contra niños se cometieron en 2025, con un aumento del 34% en asesinatos y mutilaciones. Frente a este panorama, menos del 1% de la ayuda humanitaria mundial se destina a atender la violencia sexual en conflictos, pese a que una de cada cinco mujeres desplazadas o refugiadas ha sufrido este tipo de violencia. Estos datos no son accidentales: son la expresión más brutal de un sistema que, como hemos señalado, convierte los cuerpos de las mujeres en campo de batalla y el continente en espacio de explotación.
Sudán (2025-2026): El Genocidio con Rostro de Mujer
Sudán es el epicentro de esta tragedia. 11,300 civiles asesinados en 2025[8], casi el triple que en 2024. La ofensiva de las RSF para tomar El Fasher en octubre de 2025 dejó más de 6,000 muertos en solo tres días. Más de 500 víctimas de violencia sexual documentadas en 2025[9], incluyendo violaciones, violaciones en grupo, tortura sexual y esclavitud. La Comisión de la ONU para Sudán advirtió sobre el "riesgo continuo de nuevas violencias genocidas". El informe de la ONU de febrero de 2026 es explícito: "Los cuerpos de las mujeres y niñas sudanesas han sido usados para aterrorizar a las comunidades".
Sudán del Sur no escapa a esta dinámica. Una comisión de la ONU advirtió en febrero de 2026 que los líderes políticos y militares están llevando al país hacia una "guerra a gran escala y crímenes de atrocidad masiva".[10] Sin embargo, sabemos que esas guerras han sido promovidas por la geopolítica de la guerra. Esta realidad se fundamenta por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Se documentó el reclutamiento forzoso de niños y jóvenes y el incremento de la violencia sexual relacionada con el conflicto. En julio de 2026, los combates en Jonglei y el Alto Nilo dejaron decenas de civiles muertos y al menos 68,000 desplazados.
La República Democrática del Congo (RDC) se ha convertido en el epicentro de la violencia sexual como arma de guerra en el continente. Según el informe del Secretario General de la ONU, en 2025 se registraron más de 90,000 casos de violencia sexual perpetrados en el contexto del conflicto armado en el país, una cifra que evidencia la escala y la sistematicidad de estos crímenes[11] . La Oficina Conjunta de Derechos Humanos de Naciones Unidas (UNJHRO) documentó, solo en 2025, 887 casos de violencia sexual relacionados con el conflicto que afectaron a 1,534 víctimas, de las cuales 854 son mujeres y 672 niñas . Las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur concentran casi el 80% de las personas afectadas, confirmando la persistencia de un contexto de seguridad particularmente frágil en el este del país.
El informe de la ONU también documenta que los grupos armados son responsables del 75% de los ataques, siendo el M23 el principal perpetrador con 439 víctimas documentadas Trayectorias de Resistencia: Voces Genuinas desde Burkina Faso y Sudáfrica
Pero la guerra no es la única historia. Hay mujeres que construyen paz, memoria y futuro en medio del infierno.
Las mujeres del Sahel (Niger, Mali y Burkina Faso).
Debemos mirar hacia aquellas que, mucho antes de que el feminismo fuera nombrado en los salones europeos, ya combatían la opresión desde sus territorios. En Níger, la figura de Sarraounia Mangou —la reina de Lougou— sigue viva en la memoria colectiva como símbolo de la resistencia anticolonial que desafió a la misión Voulet-Chanoine en 1899, negándose a rendirse y organizando la defensa de su pueblo contra la máquina colonial francesa . En Mali, las mujeres han sido históricamente las guardianas de la memoria y la cohesión social, como lo demuestran hoy iniciativas como la "Case de la Paix" en Gao, donde las mujeres han asumido el liderazgo comunitario y la mediación de conflictos en medio de la violencia yihadista . En Burkina Faso, herederas de la tradición revolucionaria de Thomas Sankara, las mujeres han construido redes de solidaridad y resistencia que desafían el yugo del terrorismo y la inestabilidad . Estos países de la Alianza de Estados del Sahel (AES) atraviesan una lucha que exige enviar todas las fuerzas posibles, y en el centro de esa lucha, las mujeres —como Sarraounia, como las de la Case de la Paix, como las que siembran memoria en Burkina— son el corazón de una resistencia que no se rinde.
Sudáfrica: El Feminismo que Nace de la Lucha por la Tierra y la Memoria
Sudáfrica es un caso emblemático de liderazgo político femenino, pero también de feminismo comunitario. La tradición de lucha de las mujeres negras sudafricanas —desde la Marcha de las Mujeres de 1956 contra el apartheid hasta las movilizaciones actuales por la tierra y la vivienda— es una fuente inagotable de pensamiento situado. Shireen Hassim, académica sudafricana, ha documentado cómo las mujeres negras gestaron su feminismo en las luchas por el agua, la vivienda y la memoria, no en los salones académicos. Sus feminismos son comunitarios, colectivos y profundamente anclados en la vida cotidiana. Naledi Pandor, ex canciller sudafricana, ha llevado esa voz al escenario internacional, defendiendo la causa palestina y saharaui, y denunciando el genocidio en Gaza y la desestabilización en la RDC. En Sudáfrica, como en Burkina Faso, las mujeres no son víctimas pasivas. Son sujetos políticos que, desde sus territorios, construyen alternativas a la guerra y al extractivismo.
31 de julio de 2026: Entre la Celebración y la Guerra.
Este 31 de julio, la conmemoración del Día Panafricano de la Mujer no se agota en las celebraciones oficiales; se ha convertido en un campo de disputa política donde la geopolítica de la guerra imprime su huella. La Unión Africana y PAWO han fijado la celebración central en Koulikoro, Mali, bajo el tema "Acción de las Mujeres por un Saneamiento Seguro, Comunidades Pacíficas y Mejores Medios de Vida", un guiño a la Agenda 2063 que busca vincular la dignidad de las mujeres con el acceso al agua y la paz. Pero la elección de Koulikoro no es ingenua: es un acto de reconocimiento a las mujeres del Sahel, a aquellas que, como Sarraounia Mangou —la reina de Lougou que en 1899 desafió a la misión colonial francesa— siguen resistiendo al yihadismo y la inestabilidad en Burkina Faso, Níger y Mali.
Hoy, esa resistencia tiene nombres y voces. En Mali, Mouna Awata, presidenta de la "Case de la Paix" en Gao, afirma: "Como líderes, nos hemos quedado. Hemos dicho que nos quedamos con nuestros maridos, con nuestros hijos, con nuestros muchachos. En todo lo que hace el Estado, se nos implica"[12]. En Níger, Amina Hamani Hassane, del Movimiento Revolucionario de Mujeres Panafricanas, subraya que las mujeres del Sahel "han aprovechado este momento para fortalecer estructuras autónomas, construir colectivos en torno a la soberanía y la liberación, y denunciar la explotación en mercados, minas y zonas de conflicto"[13]. Estas voces nos recuerdan que la guerra no es la única historia. Hay mujeres que construyen paz, memoria y futuro en medio del infierno.
Como nos recordó Lebohang Liepollo Pheko al inicio, el feminismo panafricano se basa en la solidaridad con los pueblos colonizados. Hoy, esa solidaridad se llama Sahel, se llama RDC, Libia, Sudán, Palestina, se llama resistencia. Porque su lucha es nuestra, y su historia también.
[1] El feminismo africano no es neutral. 3/10/2025. https://massreview.org/2025/10/03/afrikan-feminism-is-not-neutral/
[2] Corrales, Yasmín. África. 31 de julio, Día Internacional de la Mujer Africana: Resistencia, Poder y Pensamiento desde el Sur Global. https://www.resumenlatinoamericano.org/2025/07/31/africa-31-de-julio-dia-internacional-de-la-mujer-africana-resistencia-poder-y-pensamiento-desde-el-sur-global/
[3] Fanon, Frantz. Los condenados de la tierra.
[4] International Institute for Democracy and Electoral Assistance (IDEA). Women's Political Participation. Segunda edition.2024. pag. 6.
[5] Este reporte no reconoce al Sahara Occidental como nación, como si lo hace la República Bolivariana de Venezuela y la Union Africana.
[6] Bebington, Katharine. 28/03/2024. https://www.accord.org.za/analysis/womens-participation-in-2024s-electoral-politics-in-africa/
[7] Corrales González, Y. C. (2024). La Unión Africana y los asuntos de la mujer. Humania del Sur. Revista de Estudios Latinoamericanos, Africanos y Asiáticos, 19(35), 95-126. https://doi.org/10.53766/HumSur/2024.35.02
[8] Informe del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos (ACNUDH), presentado por Volker Türk ante el Consejo de Derechos Humanos el 26 de febrero de 2026. https://www.ohchr.org/en/statements-and-speeches/2026/02/high-commissioner-turk-sudan-let-aid-and-keep-weapons-out?sub-site=HRC
[9] Informe del ACNUDH sobre violencia sexual relacionada con conflictos en Sudán, publicado el 23 de junio de 2026. https://www.ohchr.org/en/press-releases/2026/06/un-report-documents-widespread-and-brutal-use-sexual-violence-sudan?sub-site=HRC
[10] Comisión de la ONU sobre Derechos Humanos en Sudán del Sur, informe presentado el 27 de febrero de 2026
[11] M23’s reign of terror by torture in eastern DR Congo must end: UN experts. 21/07/2026. https://www.ohchr.org/en/press-releases/2026/07/m23s-reign-terror-torture-eastern-dr-congo-must-end-un-experts
UN News, 19 de marzo de 2024 . [12] https://news.un.org/fr/
[13] Las mujeres del Sahel están a la vanguardia de la lucha por la soberanía. Crónicas y reportajes. 29/09/2025. https://cidafucm.es/las-mujeres-del-sahel-estan-a-la-vanguardia-de-la-lucha-por-la-soberania/page/3/?et_blog
MSc. Yasmín CorralesYasmin Corrales
Diplomática de carrera, investigadora.
Cursante de la Maestría en Saberes y Estudios Africanos, Instituto Estratégico de África y la Diáspora (Caracas).
Pretoria, 31 de julio de 2026
Publicado por AiSUR
Premio Nacional de Periodismo Necesario Anibal Nazoa 2020.


