
El paisaje de la cinematografía africana ha estado esencialmente compuesto por hombres y “rociado de algunas raras figuras femeninas”(1). Entre las pioneras se encuentran la egipcia Aziza Amir, cuyo verdadero nombre era Mofeeda Mahmoud Ghoneim (1901-1952) que dirigió la película Laila (Egipto, 1927), la camerunesa Thérèse Sita-Bella (1933-2006), y la senegalesa Safi Faye que realizó en 1975, Lettre paysanne (Kaddu Beykat), el primer largometraje de una africana negra. Su película Mossane fue seleccionada en el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Ouagadougou (Fespaco) en 1997.




