Foto de familia presidida por Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, durante la 48.ª Sesión Ordinaria del Consejo Ejecutivo de la Unión Africana - PHOTO/X/@Marocdiplomatie
La elección de Marruecos al Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana con 34 votos y mayoría cualificada, durante la 48ª Sesión Ordinaria del Consejo Ejecutivo de la Unión Africana, en primera vuelta no es un episodio administrativo. Es la validación política de una línea diplomática sostenida en el tiempo, liderada por el rey Mohamed VI y trasladada por Nasser Bourita, pieza clave en la diplomacia marroquí en el escenario internacional.
La labor del rey ha sido clave para fortalecer los lazos estratégicos con los países africanos. Bajo su liderazgo, Marruecos ha combinado seguridad, desarrollo y mediación, recuperando presencia en la Unión Africana y consolidándose como un actor influyente en la resolución de conflictos y en la estabilidad del continente.
El Rey de Marruecos, Mohamed VI - PHOTO/ARCHIVO
Un órgano clave para la seguridad africana
El Consejo no es un órgano consultivo: define mandatos de operaciones de apoyo a la paz, activa mecanismos de alerta temprana, interviene en mediaciones y fija posiciones continentales ante terrorismo, secesionismo y crisis transfronterizas. Estar dentro significa influir en la redacción de decisiones y en la arquitectura operativa africana.
El resultado electoral refleja una acumulación progresiva de confianza desde el regreso de Marruecos a la Unión Africana en 2017. No se trata de un acceso puntual. Es el tercer mandato en nueve años dentro del órgano más sensible en materia de seguridad. Ese dato subraya que la posición de Rabat en el continente responde a un proceso sostenido de consolidación institucional.
Banderas nacionales de los Estados miembros de la Unión Africana (UA) en la sede, en Adís Abeba, Etiopía - PHOTO/REUTERS
Seguridad y desarrollo en la estrategia marroquí
La tesis defendida por Rabat en el seno africano es conocida y coherente: la seguridad no puede aislarse del desarrollo. En términos operativos, esto implica desplazar el centro de gravedad del debate desde la reacción militar inmediata hacia la estabilización estructural.
Infraestructuras, inversión, cooperación religiosa, formación de cuadros civiles y participación sostenida en misiones de paz forman parte de la misma ecuación. El discurso es claro: la fragilidad estatal alimenta el conflicto; el fortalecimiento institucional lo reduce.
Tras la votación en Adís Abeba, el ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, afirmó que la elección constituye “un reconocimiento de las acciones emprendidas en favor de una África estable, basadas en el respeto del derecho internacional y la búsqueda de soluciones pacíficas”.
La formulación delimita el marco: racionalidad jurídica, mediación y primacía de soluciones políticas negociadas. No es retórica. Es una posición que condiciona la forma en que el Consejo aborda expedientes como el Sahel, Libia o el Cuerno de África.
Nasser Bourita, ministrro de Asuntos Exteriores de Marruecos durante la 48.ª Sesión Ordinaria del Consejo Ejecutivo de la Unión Africana - PHOTO/X/@Marocdiplomatie
Terrorismo y secesionismo en la agenda
El embajador Mohamed Arrouchi, representante permanente ante la UA, ha sido explícito en las sesiones del Consejo al señalar que los grupos terroristas y los movimientos separatistas armados representan una amenaza directa para la estabilidad y la integridad territorial de los Estados africanos.
Esa vinculación no es casual. Supone integrar en una misma categoría estratégica las dinámicas que erosionan la soberanía estatal. En un contexto marcado por golpes de Estado, expansión de milicias y competencia geopolítica externa, la defensa del principio de no injerencia adquiere una dimensión práctica.
Abdellatif Hammouchi, director general de Seguridad Nacional y Vigilancia Territorial (DGSN-DGST), junto a Ahmed Naser Al-Raisi, presidente de INTERPOL, y Valdecy Urquiza, secretario general de la organización - PHOTO/INTERPOL
Coherencia con el marco internacional
La elección coincide con un momento diplomático más amplio. En el plano internacional, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha reafirmado recientemente la centralidad de la iniciativa marroquí de autonomía como base seria y creíble para una solución política al contencioso del Sáhara.
En el ámbito europeo, la cooperación estratégica con la Unión Europea se ha reforzado, incluyendo el reconocimiento de la dimensión integral de las provincias del sur en el marco de los acuerdos bilaterales. Estos elementos no son accesorios. Refuerzan la coherencia entre la proyección africana y la legitimidad internacional.
En paralelo, Marruecos ha intensificado su papel en procesos de diálogo con países africanos en transición política y ha apoyado mecanismos de reintegración de Estados suspendidos en la Unión Africana. Esta diplomacia discreta, centrada en la interlocución constante y en la construcción de consensos, explica en parte el amplio respaldo obtenido en primera vuelta. No se trata solo de alianzas coyunturales, sino de relaciones tejidas a través de cooperación económica, formación técnica y presencia sobre el terreno.
Foto de familia de la reunión de la 15ª sesión del Consejo de Asociación celebrada en Bruselas, como celebración del 30 aniversario del Acuerdo de Asociación entre Rabat y Europa, celebrada el 29 de enero de 2026 - PHOTO/UNIÓN EUROPEA
Equilibrios internos y experiencia procedimental
El Consejo de Paz y Seguridad opera mediante equilibrios delicados. Las decisiones requieren mayorías cualificadas y, sobre todo, consensos políticos transregionales.
La experiencia acumulada por la delegación marroquí en mandatos anteriores proporciona una ventaja procedimental: conocimiento interno del funcionamiento del órgano y redes activas dentro de sus distintos grupos regionales. En términos institucionales, eso se traduce en capacidad para introducir matices en los comunicados finales, influir en la definición de mandatos y orientar prioridades.
El contexto continental no es estable. El Sahel enfrenta una recomposición estratégica tras el repliegue de ciertos actores occidentales y la irrupción de nuevos socios externos. Las amenazas híbridas combinan terrorismo, tráfico ilícito y fragilidad económica. En ese escenario, la propuesta de vincular seguridad y desarrollo no es idealismo; es un intento de evitar que el Consejo quede reducido a un mecanismo reactivo.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el Ministro de Relaciones Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita, firman la Carta de la Junta de Paz, en Davos, Suiza, el 22 de enero de 2026 - REUTERS/ DENIS BALIBOUSE
Prioridades de la UA y aspiración a la ONU
La elección en Adís Abeba, previa a la 39ª Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la UA, introduce un elemento adicional: la redefinición de prioridades africanas en un mundo cada vez más polarizado.
La aspiración de representar al grupo africano en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el periodo 2027-2028 se inscribe en la misma lógica. Consolidar primero la legitimidad continental, proyectarla después al ámbito multilateral global.
La ecuación es directa. Respaldo africano amplio, coherencia estratégica y capacidad operativa acumulada. El desafío ahora consiste en transformar esa legitimidad electoral en resultados concretos en expedientes complejos, donde la estabilidad depende tanto de la seguridad inmediata como de la arquitectura económica e institucional de largo plazo.
Fuente: Atalayar
Publicado por AiSUR
Premio Nacional de Periodismo Necesario Anibal Nazoa 2020


