El dirigente de la FARC Jesús Santrich expresó hoy su voluntad de comparecer ante la Corte Suprema de Colombia para demostrar su inocencia frente a los delitos que Estados Unidos y la ultraderecha local le imputan.
Este jueves fue radicada ante el máximo tribunal la manifestación de voluntad del excomandante guerrillero de acudir a los llamados que la Corte Suprema de Justicia (CSJ)le haga con el fin de esclarecer el montaje de que ha sido víctima en torno a presuntos cargos de narcotráfico.
A través de una carta firmada por el exnegociador de la paz se dio a conocer su decisión de esclarecer los hechos "por los que injustamente hay una indagación preliminar abierta en mi contra", dijo.
"Yo soy la persona más interesada en que este proceso se clarifique para demostrar mi inocencia y se investigue realmente a los que han delinquido, violando la legalidad y la soberanía de la Nación", apuntó el excomandante rebelde.
Santrich remarcó que seguirá apegado a la Jurisdicción Especial para la Paz y al acuerdo negociado en La Habana entre el Estado colombiano y las disueltas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo.
"Reafirmo mi compromiso con la paz, la verdad, la reconciliación y la reincorporación", escribió el dirigente fariano a la CSJ desde el búnker de la Fiscalía General, donde continúa preso, pese a la decisión judicial de ayer ordenando de inmediato su libertad.
La víspera el máximo tribunal declaró que el ente acusador no tiene facultades para juzgar a Santrich, dada su condición de congresista de la República y que en caso de supuestas nuevas evidencias en su contra le correspondería únicamente a la Corte Suprema juzgarlo.
El reiterado pedido de liberación de Santrich por las altas cortes (ya se había pronunciado en igual sentido la Jurisdicción Especial para la Paz) fue nuevamente criticado anoche por el presidente del país, Iván Duque, quien tildó al exjefe guerrillero de mafioso y señaló que debía estar en la cárcel.
La declaración de Duque fue impugnada por sectores de la oposición por no tomar en cuenta la presunción de inocencia del dirigente de la Fuerza Revocionaria Alternativa del Común (FARC) y la legitimidad del fallo judicial.
"Nos parece que Santrich como cualquier colombiano tiene los derechos básicos de la presunción de inocencia, del debido proceso. Nos parece muy importante este fallo (de la Corte Suprema) que se ha conocido", afirmó Carlos Antonio Lozada, congresista de la FARC.
También la senadora de ese partido Victoria Sandino calificó de desafortunada la alocución del mandatario, al considerar que se apartó de los principios básicos del derecho universal y del Estado de derecho.
Por su parte el reconocido abogado colombiano Alirio Uribe estimó que el jefe de Estado no debe juzgar ni condenar. Su deber constitucional es dejar que hablen los jueces, manifestó el jurista.
Fuente: PL
Observatorio de Medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.
Kenia se encuentra entre los cuatro países del este de África que han logrado reducir las muertes de niños menores de cinco años en un 57 por ciento. Esto es de acuerdo con el Informe Global de la Infancia 2019 de Save the Children que se publicó el martes.
El informe señala que la probabilidad de que un niño muera antes de cumplir cinco años en África oriental y meridional se ha reducido en un 57 por ciento desde el año 2000 como resultado de medidas sólidas implementadas en los últimos 20 años.
Kenia aumentó su índice de finalización de la niñez en 174 puntos, de 573 en 2000 a los 747 actuales, lo que representa una mejora del 56 por ciento, lo que lo ubica como el cuarto país con más mejoras en la región de África Oriental.
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Por ejemplo, Kenia redujo el retraso en el crecimiento en un 36 por ciento, con una tasa que bajó del 41 por ciento en 2000 al 26 por ciento en 2014, siendo los principales impulsores mejoras en la salud y la supervivencia de los niños.
Uganda aumentó en 66 por ciento, Tanzania en 59 por ciento, Eritrea mejoró en 177 y Etiopía en 237.
Ruanda logró la mejor mejora en la región y el segundo mejor en el mundo, reduciendo su mortalidad de menores de cinco años en un 79 por ciento durante 20 años.
A lo largo de los años, el país ha visto que más niños se inscriben en las escuelas, con menos niños que se casan antes de los 18 años y la tasa de no escolarización y la tasa de matrimonios infantiles se han reducido en un 60 por ciento.
MEJORA DRAMATICA
El director regional de Save the Children para África oriental y meridional, Ian Vale, declaró que las políticas gubernamentales y la inversión para el desarrollo, incluidas las mosquiteras tratadas con insecticida, las campañas de inmunización, los suplementos dietéticos y los programas para fomentar la lactancia materna, son algunas de las medidas que han contribuido a mejora dramatica.
Sin embargo, dijo que a pesar del progreso realizado en la región, la tasa de mortalidad de menores de cinco años sigue siendo una preocupación en la región, con 59 muertes por cada 1.000 nacidos vivos registrados.
La tasa más alta
La tasa más alta del mundo se encuentra en Somalia, con un niño de cada ocho que muere antes de cumplir cinco años, con Sudán del Sur también en el top ten mundial.
"Por supuesto, estos resultados deben verse dentro de un panorama más amplio. Los niños en el este y sur de África continúan siendo algunos de los más desfavorecidos a nivel mundial. Sin embargo, la situación de los niños a nivel mundial mejora año tras año, es alentador saber que los niños en esta región no se están quedando atrás ", dijo el Sr. Vale.
Niños que terminan la infancia
El informe evalúa a 176 países de todo el mundo sobre su capacidad para proteger a los "niños que terminan con la infancia" de los niños: eventos que cambian la vida, como el matrimonio infantil, el embarazo precoz, la exclusión de la educación, la enfermedad, la desnutrición y las muertes violentas.
El Sr. Vale señaló que de los ocho "finalistas de la infancia" examinados en el informe, el desplazamiento debido al conflicto es el único en aumento a nivel mundial, con 30,5 millones más de personas desplazadas por la fuerza ahora que en 2000, un aumento del 80 por ciento.
En el año 2000, se calcula que 970 millones de niños habían sido robados de su infancia a nivel mundial debido a los "finalistas de la infancia", pero el número actual se ha reducido a 690 millones.
Esto significa que al menos 280 millones de niños están mejor hoy que hace dos décadas.
Fuente: Allafrica
Observatorio de Medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.
Sentamos en una mesa redonda a los colaboradores habituales de MUNDO NEGRO. Los invitamos a la reflexión con una pregunta: «¿Qué diferenciará al África de 2030 del actual?»
Agustín Arteche, misionero de África
«Mientras África siga siendo expoliada, no habrá cambios sustanciales».
Difícil saberlo. África está cambiando. Creo que a mejor. Pero muy poco a poco. Es una constatación que llevamos haciendo desde hace muchos años todos los que hemos seguido la evolución del continente africano. La afirmación vale para los índices de desarrollo humano –como resultado de la globalización– en educación, salud, tecnología, vivienda y bienestar, sobre todo en las ciudades. Pienso que este ritmo lento va a seguir de la misma manera hasta 2030. No veo razones para que cambie. Los índices negativos que impiden un cambio más acelerado, como son la demografía sin control, el crecimiento caótico de las ciudades, el éxodo de miles de jóvenes hacia Europa, la corrupción, los abusos de poder, la mala gobernanza y la pérdida de valores tradicionales africanos –que los valores cristianos no han logrado contrarrestar–, dibujan un horizonte cargado de malos augurios. Me pregunto si de aquí a esa fecha hay tiempo para revertir tales deficiencias en valores de honradez, sentido de responsabilidad ciudadana y búsqueda del bien común. Pienso, además, que mientras África siga siendo expoliada por unos y otros, poco respetada en su dignidad, y beneficiaria solamente de las migajas que caen de la mesa de la globalización, no habrá cambios sustanciales en el continente en los próximos 11 años.
Lucía Mbomío, periodista
«No hay que dejar de soñar, sino cambiar la brújula de los sueños».
No me atrevo a hablar de África de aquí a 2030. No, al menos, en su totalidad, porque son demasiados territorios con realidades dispares y muchos de ellos ni siquiera conozco. No obstante, sí podría establecer algunas líneas comunes relativas a la juventud, como motor de transformación; a la cultura, como forma de autorreconocimiento y empoderamiento; y al feminismo, como vehículo hacia la igualdad y la democracia.
Cada vez más gente decide volver al continente del que partió para explicar a sus conterráneos que El Dorado no existe, que Europa es una construcción inversamente proporcional a la que se hizo de África, y que quizá no hay que dejar de soñar, sino cambiar la brújula de los sueños y centrarla en África, apostar por sus posibilidades infinitas y por sus habitantes. El escritor senegalés Mamadou Dia es un excelente ejemplo de una tendencia que no para de crecer y que ha dejado de considerar el regreso como un fracaso sino, más bien, todo lo contrario. Ha puesto en marcha en su pueblo, Gandiol, un centro cultural que dispone de una escuelita y una radio, donde se debate, se discute y se interpela a los oyentes. ¿Hay algo más sano?
En Maputo (Mozambique), Iván Laranjeira, junto a otros jóvenes, creó una asociación que organiza tours por su barrio, Mafalala, que han servido para activar la débil economía de muchas de las personas que residen ahí, pero también para provocar que hagan memoria y que recuerden su importancia histórica y los personajes que tuvieron calado en el posterior desarrollo de los acontecimientos del país, incluida la independencia.
En Guinea Ecuatorial, las mujeres denuncian, crean y cuentan, sirviéndose de la poesía –leída en voz alta en las plazas– o de una prosa que vuelcan en novelas que son desahogo y sanación al mismo tiempo. La unión entre jóvenes artistas y los espacios de encuentro en femenino están propiciando una crítica constructiva a su sociedad de lo más valiente que, inevitablemente, se traducirá en mejoras. Seguro.
Chema Caballero, africanista
«La sociedad civil se convertirá en un potente motor de cambio».
No lo sé, la verdad, pero por imaginar diría que en estos 11 años, posiblemente, el papel, cada vez más fuerte, de la sociedad civil en muchos países se convertirá en un potente motor de cambio que traerá el afianzamiento de las democracias y los derechos humanos. Puede ayudar también a romper con la tutela que las antiguas metrópolis y otras potencias extranjeras ejercen sobre el continente.
Países más libres y democráticos no tendrán miedo a abrir sus fronteras y favorecer el sueño que tuvieron los padres de la independencia de una mayor integración continental. Más intercambio de personas, ideas y mercancías podría traer importantes mejoras a las vidas de los ciudadanos.
Sociedad civil y redes sociales están intrínsecamente unidas y no se entendería cualquier revolución africana sin la conspiración entre las dos. De ahí, esa obsesión de los gobiernos totalitarios de cerrarlas ante cualquier protesta popular. Internet, seguramente, ganará cada día más protagonismo y ofrecerá nuevas oportunidades para que los africanos hagan oír su voz.
La educación –sobre todo la de las mujeres– continuará ganando terreno en todo el continente. Ellas son imprescindibles para conseguir cualquier cambio, y lo están demostrando día a día. Cada vez están más presentes en todos los ámbitos.
Son estos jóvenes, cada vez más formados e informados, los que van a determinar el camino que África recorrerá en los próximos años, porque, en definitiva, son ellos, las africanas y los africanos, los únicos que tienen derecho a decidir el África que quieren.
Mbuyi Kabunda, presidente de la Asociación Española de Africanistas
«África dará importantes pasos en el control de su destino».
En 2030, África conocerá más procesos de desconcentración (transferencia de poderes de la administración central hacia las provincias o regiones) y descentralización (fomento de la autonomía y de las iniciativas locales), con el consiguiente fortalecimiento del Estado de derecho y la reducción de los conflictos. África dará importantes pasos en el control de su destino mediante la creación de grandes espacios de soberanía política y económica, empezando por la implementación del tratado de la Comunidad Económica Africana, creada en 1991 en Abuya.
El África de 2030 será el continente de la paz y del fin de las hambrunas, de las guerras y de las enfermedades –se erradicarán pandemias letales, tras dotarse con importantes infraestructuras sanitarias–. Se vivirá mejor, y no se dependerá de la mendicidad ni de la generosidad de los demás.
Las actuales altas tasas de crecimiento, bien gestionadas, permitirán a los africanos construir infraestructuras (carreteras, ferrocarriles, puertos o instalaciones turísticas), además de conseguir el ahorro interno, fundamental para el desarrollo y para la conquista de los mercados externos. Se pasará del insignificante 2 % del comercio internacional actual, para acercarse al 10 o 15 %.
El África de 2030 se dotará de nuevos dirigentes que pondrán la ética y la democracia en el centro de la gobernanza. La educación para la igualdad, el cuestionamiento de algunas prácticas tradicionales, el número cada vez más importante de chicas escolarizadas y la participación femenina en la política en muchos países, explican que el África de 2030 dará importantes avances en igualdad de género.
Nestor Nongo, sociólogo
«Este será el siglo de la mujer en África».
De entrada, creo que se debería hablar más de Áfricas que de África debido a los grandes contrastes existentes entre los países, los pueblos y las ciudades. A pesar de estas diferencias, el continente comparte una cosa, en relación a las perspectivas mundiales: su marginación.
La marginación de la mujer en la escena pública, a mi entender, tiende a su fin. Algunos Gobiernos, como los de Etiopía o Ruanda, han dado pasos firmes en esa dirección, y la tendencia es imparable. Este siglo será, sin duda, el siglo de la mujer en África (como en el resto del mundo).
En cuanto a la educación, seguirán subiendo los índices de alfabetización, pero con una educación poco o nada adaptada a la realidad local. Mientras no haya una profunda revisión de los manuales y métodos escolares, de aquí a una década seguirá habiendo «intelectuales alienados».
En los próximos 11 años seguirá habiendo migraciones, y no se intuye que los motivos que las causan vayan a desaparecer de repente. No obstante, las grandes tragedias en las rutas migratorias y las dificultades en los países de acogida, junto con los vientos de cambios políticos que soplan en el continente me llevan a pensar que habrá un cierto retroceso en próximos decenios.
La diáspora seguirá siendo fuente de riqueza. Sin embargo, el resurgimiento de partidos xenófobos en muchos países de acogida junto con el deseo de participar en la reconstrucción de sus países de origen, harán que una buena parte de la diáspora se plantee el regreso al continente en las próximas décadas.
Por último, el hartazgo de las dictaduras, unido al despertar de la sociedad civil, me hacen presagiar una próxima ola de democratización; y me lleva a encarar el futuro político de África con optimismo.
José Naranjo, periodista
«Las migraciones seguirán siendo relevantes».
En 2030, las contradicciones se habrán agudizado en África. Habrá países de gran crecimiento económico y regiones enteras, como el Sahel, donde la crisis se hará más profunda. La persistencia de conflictos asimétricos hará necesario un gran esfuerzo en materia de desarrollo. Incluso dentro de las zonas emergentes –Ghana, Senegal o Etiopía–, las diferencias entre ricos y pobres serán más acusadas, lo que obligará a medidas correctoras del Estado. Las consecuencias del cambio climático serán aún más evidentes. Las migraciones seguirán siendo relevantes, como una búsqueda de soluciones para sectores amplios de la población que las economías locales no pueden absorber.
Sin embargo, la democracia irá avanzando y países que hoy son dictaduras tendrán regímenes más plurales. Habrá más mujeres presidentas y en altos cargos de representación. Las infraestructuras de transporte habrán mejorado, habrá más trenes y carreteras, favoreciendo una mejor integración regional. Pero la educación seguirá siendo un enorme desafío, marcado por el constante crecimiento poblacional.
Fuente: Mundo Negro
Observatorio de Medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.
Argentina es el tercer peor país del mundo en cuanto a competitividad, superando tan solo a Mongolia y Venezuela. Así se desprende de un informe de la escuela suiza de negocios IMD publicado esta semana que, entre otras cosas, destaca el débil crecimiento de la economía, la inflación, el sistema jubilatorio y las deficiencias en la infraestructura educativa de Argentina.
Y todos estos factores, empujan a la pobreza a las capas más vulnerables del país: niños y ancianos. Otro informe divulgado anteriormente por el Observatorio de la Deuda Social de la Pontificia Universidad Católica Argentina reveló que el 41,2 % de los menores entre 0 y 17 años es doblemente pobre. Es decir, que aproximadamente 4,7 millones de niños viven en hogares donde sus padres no tienen ingresos suficientes para vivir, y que a la vez, son privados de al menos un derecho; en categorías que van desde la alimentación y la salud hasta la vivienda y la educación.
"El 50 % de los niños argentinos son pobres en términos monetarios y el 63 % son pobres en términos del ejercicio de sus derechos", explica Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda Social.
Los niños comparten sus raciones alimentarias con sus padres
La situación de los comedores escolares que alimentan a más de un tercio de la infancia en Argentina también está desbordada por la crisis. "Esta ayuda alimentaria no sabemos exactamente cuál es el impacto cualitativo que tiene. Porque muchos maestros cuentan que estos niños no necesariamente consumen la alimentación en los comedores, si no que muchos de ellos se llevan la comida en envases a su casa. Lo cual implica que muchas de las viandas que están pensadas para un niño hoy están siendo compartidas por familias", alertó Tuñón.
Si los menores son una de las caras más dolorosas de la pobreza, la otra son los ancianos. "El adulto mayor cuando no puede comprar los remedios o no puede comer no tiene retorno, porque no puede conseguir otro medio de vida. Si hoy por hoy los jóvenes no consiguen un medio de vida, con más razón un hombre mayor", comentó por su parte el presidente de la Confederación General de Jubilados, Retirados y Pensionados del país sudamericano, Carlos Valle.
Es el caso de Miguel Villeli, un jubilado de 75 años, quien junto a su esposa pensionada tiene que hacer malabares para comprar alimentos y pagar los servicios en una casa donde ni siquiera cuentan con alcantarillado. Además tramita una pensión por discapacidad porque ya no puede pagar los medicamentos que necesita para paliar una enfermedad respiratoria crónica.
Las contradicciones de un país productor de alimentos
"¡En el país de la carne, de la leche! Las vacas comen pasto, no comen oro. ¿Por qué aumentan todo como lo están aumentando? No lo entiendo. Vas a comprar y todos los días, aumenta y aumenta [el precio], con lo que se hace imposible poder comprarlo", lamenta Miguel.
Argentina produce alimentos para 400 millones de personas en el mundo, pero contradictoriamente en ese país unos 3,4 millones de sus ciudadanos comen solo una vez al día.
En octubre próximo Argentina celebrará las elecciones presidenciales, e independientemente de quién gane, será una nueva oportunidad para que esta vez la lucha real contra la pobreza se convierta en una política pública y deje de ser solamente un eslogan de campaña.
Fuente: RT
Observatorio de Medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.
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