Monumento al renascimiento africano
El Día de África nos convoca a celebrar y reflexionar sobre un continente que, lejos de las narrativas de carencia impuestas por Occidente, se erige —junto a Nuestra América— como epicentro de las soluciones globales del siglo XXI. En Venezuela honramos esta herencia que es, a la vez, hoja de ruta del porvenir.
I. Santuario de vida: biodiversidad y conservación
África posee vida en su estado más auténtico. Su biodiversidad es pilar del equilibrio ecológico planetario: alberga más de 1.100 especies de mamíferos y 2.500 de aves, además de una vegetación única que regula el clima global. El desafío actual es la conservación de su fauna, transitando de modelos coloniales de exclusión hacia una gestión comunitaria y soberana. Hoy, gran parte de sus espacios naturales está custodiada por pueblos, fundaciones y gobiernos que protegen especies icónicas, entendiendo que preservar elefantes, rinocerontes o humedales equivale a sostener la vida humana y el equilibrio del planeta.
II. Soberanía en la era del conocimiento: juventud y universidades
El corazón de la transformación africana late en su juventud. Con una edad media de diecinueve años y más de 400 millones de jóvenes, esta fuerza demográfica no espera soluciones externas: las genera. Las universidades africanas —de El Cairo a Ciudad del Cabo, de Dakar a Addis Abeba— recuperan el pensamiento propio, descolonizan el conocimiento científico y conectan saberes ancestrales con la economía digital. Países como Sudáfrica, Egipto y Nigeria, por solo mencionar algunos, cuentan con casas de estudio entre las más reconocidas del mundo, formando a la próxima generación de innovadores y líderes continentales.
III. Hacia la autonomía: energías renovables e independencia alimentaria
El sol y el viento africanos se convierten en herramientas de soberanía. Las energías solar, eólica y geotérmica permiten que comunidades remotas accedan a la electricidad sin depender de combustibles fósiles ni de redes externas. África posee el 60% de las tierras cultivables no utilizadas del planeta y vastos sistemas de agua dulce en cuencas como la del Congo, el Nilo y el Níger. El reto es transformar ese potencial en sistemas agroecológicos que garanticen la seguridad alimentaria soberana, libres de imposiciones corporativas y de la volatilidad de los mercados internacionales.
IV. Paisajes de resistencia: Sáhara, Sahel y Madagascar
El Sáhara y el Sahel son escenarios de resiliencia extraordinaria. Allí, el proyecto de la Gran Muralla Verde —una iniciativa africana liderada por la Unión Africana— busca frenar la desertificación, restaurar 100 millones de hectáreas de tierra y devolver la vida al ecosistema. Madagascar, la cuarta isla más grande del mundo, asombra por su biodiversidad endémica: lémures, camaleones y seis de las ocho especies de baobab del planeta. Este “árbol de la vida”, capaz de almacenar miles de litros de agua en su tronco masivo, simboliza perfectamente la capacidad africana para resistir sequías prolongadas y brindar refugio, alimento y esperanza en las condiciones más adversas.
V. El alma del mundo: riqueza cultural
La riqueza cultural africana es una fuerza viva que se manifiesta en el diseño, la música, el cine (con la potencia narrativa de Nollywood, la segunda industria cinematográfica del mundo en volumen), la moda y más de mil lenguas diferentes —cerca de un tercio de todas las lenguas del mundo—, agrupadas en cuatro grandes familias autóctonas que resistieron la destrucción colonial. No existe un solo “idioma africano”; esta diversidad es la prueba de una historia milenaria no escrita por los colonizadores. África no aspira a desarrollarse para parecerse a otros, sino para ser más plenamente ella misma, con su alma intacta y su creatividad desbordante.
VI. Identidad e integración: Ubuntu
La identidad africana es el fundamento filosófico y político de la integración continental. La Unión Africana, sucesora de la Organización de la Unidad Africana, es la expresión institucional del panafricanismo: la convicción profunda de que los pueblos africanos comparten una historia común de resistencia y un destino colectivo más allá de las fronteras artificiales heredadas del colonialismo.
Ubuntu, término zulú/xhosa que expresa “yo soy porque nosotros somos”, es un sistema ético de responsabilidad solidaria, reciprocidad y humanidad compartida. Celebrar la identidad africana es reconocer que Ubuntu impulsa uno de los procesos de integración más ambiciosos y esperanzadores del siglo XXI, desde la Zona de Libre Comercio Continental Africana hasta la Agenda 2063.
VII. África en transformación positiva
África demuestra al mundo que su mayor riqueza no está en el petróleo, el diamante, el oro o el coltán, sino en su inquebrantable voluntad de superar los desafíos. Su transformación no es una promesa diferida: es una realidad palpable que alienta en cada joven que programa software, en cada huerto comunitario que florece en el Sahel, en cada innovación tecnológica que nace en Lagos o Nairobi. Este mayo celebramos el inmenso potencial de una Madre África que avanza con pasos firmes hacia su definitiva emancipación, honrando la memoria de los grandes padres fundadores como Nkrumah, Lumumba, Neto, Cabral, Mandela y Sankara.
África no es un continente en espera: es un continente en movimiento, vibrante y lleno de vida. Un mosaico de esperanza donde la existencia florece desde las costas del Índico hasta las arenas del Sahel, desde la selva del Congo hasta los viñedos de Sudáfrica. Su transformación es testimonio de la voluntad humana y una invitación permanente a estrechar vínculos de hermandad. Celebramos a una África que, con pasos firmes, convierte sus desafíos en historia y su memoria en futuro.
Por: Marlon Peña Labrador
Publicado por AiSUR
Premio Nacional de Periodismo Necesario Anibal Nazoa 2020.


