Foto: AP / Mike Stewart
Lo plantea el diario 'Financial Times'. A pesar de que las grandes empresas tecnológicas han anunciado inversiones de hasta 700.000 millones de dólares en el sector, estos proyectos enfrentan obstáculos y cuestionamientos debido a preocupaciones sobre el impacto económico local.
El año pasado, iniciativas para la construcción de centros de datos para potenciar el uso de Inteligencia Artificial valoradas en 156.000 millones de dólares fueron suspendidas o retrasadas en EEUU por temores relacionados con la escasez de agua, la pérdida de empleos y el aumento en los precios de la electricidad.
Uno de los principales puntos de fricción es el consumo energético desmedido de estos centros de datos. En el país norteamericano, la mayoría de los estados ya consideran o han promulgado leyes para regular esta tecnología, enfocándose en la seguridad y el uso de energía. Ante el descontento público, el Gobierno federal ha solicitado a las grandes tecnológicas firmar compromisos voluntarios para proteger a los consumidores de aumentos en sus facturas de servicios públicos derivados de la demanda de la IA.
La tensión no solo es civil, sino también corporativa. Industrias tradicionales de energía y química han comenzado a oponerse a lo que consideran un trato preferencial hacia las empresas tecnológicas en el acceso a la red eléctrica.
Para mitigar riesgos, algunas corporaciones del sector energético están construyendo su propia infraestructura de servicios, anticipándose a lo que muchos describen como una "carrera armamentista" por la electricidad que podría dejar obsoleta o colapsar la red actual si no se gestiona adecuadamente.
En el ámbito político, la IA se ha convertido en un tema central de campaña para las elecciones de medio término. Líderes de diversas corrientes han propuesto moratorias a nuevos centros de datos o leyes que obliguen a informar sobre despidos relacionados con la automatización. Las encuestas sugieren que dicha tecnología goza de una impopularidad notable entre los ciudadanos estadounidenses, lo que otorga a los políticos un incentivo electoral para endurecer las regulaciones contra Silicon Valley.
Este panorama genera incertidumbre en los mercados financieros. Aunque existe una gran expectativa por salidas a bolsa como la de OpenAI, las aseguradoras están mostrando reticencia a respaldar los proyectos de construcción de centros de datos de gran escala. Además, existe una contradicción interna en los partidos políticos: mientras algunos sectores defienden los intereses de los titanes tecnológicos -que tienen un gran peso de cabildeo por su peso en la economía, las votantes temen por la inflación de los servicios básicos y el desplazamiento laboral.
Fuente: Sputnik
Publicado por AiSUR
Premio Nacional de Periodismo Necesario Anibal Nazoa 2020


