México 2018 el voto del descontento
Un verdadero sacudón.
Un cambio de ruta.
Un antes y un después.
Lo que se definirá en las elecciones de México de este primero de julio de 2018 no se reduce a un cambio de titulares en la Presidencia ni el Congreso ni en la mayoría de gubernaturas y alcaldías, sino el posible viraje a un modelo político y económico que realmente tenga la mirada puesta en el bienestar del pueblo y no en un sistema de privilegios para unos cuantos, que ha terminado por hartar a los mexicanos.
Por primera vez en 36 años de gobiernos apegados al neoliberalismo, México está a punto de abrir la puerta a un cambio de ruta al que apuesta un proyecto crítico de las élites que, en unas cuantas manos, concentra la mayor parte de la riqueza de un país donde es pobre casi la mitad de su población (53.4 millones de personas, 9.4 de ellas en pobreza extrema).
En las urnas, lo que se expresará será la voz del descontento. Y no hablamos solo de las clases marginadas sino de los mexicanos de clase media y media alta –académicos, profesionales, estudiantes- molestos con la manera en que, a través de la gigantesca maquinaria de corrupción, los gobernantes desvían para fines personales los cuantiosos recursos públicos destinados al desarrollo del país.
No hay duda: Andrés Manuel López Obrador, ganará la Presidencia después de encabezar, desde 2005, la campaña electoral más larga de la historia mexicana por ese cargo. Diferentes encuestas le dan en promedio 20 puntos de ventaja sobre su contendiente más cercano, el panista Ricardo Anaya.
¿Cómo se llegó a este instante de la política mexicana? Por el desencanto. En el último sexenio, las y los mexicanos pasamos del “Mexican Moment” que nos vendió el actual presidente Enrique Peña Nieto, a la “Mexican tragedy”.
A pesar de que Peña promovió su paquete de reformas estructurales como las iniciativas que convertirían a México en potencia mundial, este escenario no se volvió real. El país enfrenta los peores índices de violencia de los últimos veinte años, que lo han vuelto el tercero más inseguro en América, según el más reciente informe del Institute for Economics and Peace. Basta señalar que el mes de mayo de este 2018 ha sido el más sangriento de la historia reciente, con 2 mil 890 homicidios, es decir, una persona fue asesinada cada 15 minutos. Esta violencia abarcó al actual escenario electoral, donde 133 políticos han sido asesinados desde septiembre del año pasado, según la consultora Etellekt.
En México, es fácil matar mujeres: cada día se cometen siete feminicidios y la mayoría termina sin castigo.
La misma impunidad acosa, amenaza y silencia la libertad de expresión. La organización Artículo 19 ha informado que desde el año 2000, 116 periodistas han sido asesinados y en varias regiones, la autocensura se ha vuelto el único mecanismo para sobrevivir.
Además, el gobierno afirma que hay 37 mil 435 desaparecidos aunque las organizaciones que buscan a sus familiares –incluso rastreando con sus propias manos y palas en fosas clandestinas- hablan de más de 200 mil. Entre ellos están los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, el caso más emblemático de violaciones a los derechos humanos en la última década y en el que, a cuatro años, ni el Ejército ni la Policía Federal ni las municipales han dado respuesta a la pregunta más elemental: ¿Dónde están?
La lista de agravios al pueblo mexicano abarca una corrupción endémica expresada en escándalos como el de la Casa Blanca de Peña Nieto, la Estafa Maestra –el “extravío” de más de 450 millones de dólares de dinero público- y el pasmoso historial de suciedad gubernamental encarnado en el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, así como la represión a movimientos sociales, la discriminación a grupos indígenas y el estancamiento en materia económica.
Un México, pues, convulso es el que le tocará al gobierno de la llamada Cuarta Transformación–después de la Independencia, la Reforma y la Revolución- en el que López Obrador promete una renovación moral basada, especialmente, en la lucha contra la corrupción y el precepto de “Honestidad Valiente”.
Sin embargo, su eventual triunfo abre más interrogantes que certezas, sobre todo cuando ha establecido promesas ambiciosas de apoyo a los más desprotegidos, lucha severa contra la corrupción –que implicará aumentar las penas contra quienes la cometan- y además, mecanismos democráticos como el revocatorio a medio término que podrían poner su cargo en bandeja de plata a una oposición que desde siempre le ha jugado sucio.
¿Podrá pacificar un país herido por la mal llamada guerra contra el narcotráfico (terrorismo de Estado), realmente veremos una revolución o una transición y cómo lograr que MORENA no se convierta en el nuevo PRI?
Los retos para el líder tabasqueño no son menores. Y tampoco lo son para el pueblo mexicano al que le toca desafiar aquella premisa política del cronista Carlos Monsiváis: “En este país, solo el poder tiene voz”.


