Burgués-trabajador
Declaraciones recientes del ministro Wilmar Castro Soteldo acerca de la conformación de una burguesía revolucionaria al calor del proceso bolivariano generaron varias opiniones, la mayoría de las cuales son abiertamente críticas a esta expresión del alto funcionario.
Yo conocí a Castro Soteldo en ocasión de ser él uno de los organizadores de los batallones ideados por el presidente Chávez. Como parte de una de estas instancias de discusión en la CANTV celebramos interesantes debates. De manera que sobre esta base puedo inferir que el pensamiento del actual ministro para aquellos momentos era muy diferente a lo que pudiéramos deducir de su actual expresión.
Sin embargo, veamos algunos atenuantes, como dicen los abogados. Primero, puede ser que el ministro haya sido víctima de un desliz, y que su referencia fuera hacia la creación de una burguesía nacionalista, cosa muy distinta a una “burguesía revolucionaria” o para decirlo en lenguaje coloquial, eso es harina de otro costal.
Segundo, puede ser que en verdad su pensamiento político haya cambiado y esté mirando hacia posiciones muy parecidas a la socialdemocracia. Por supuesto, sólo él puede dilucidar estas incógnitas. En todo caso y con el respeto que le tengo, me permito afirmar que no existe ni puede existir una “burguesía revolucionaria”.
La burguesía fue revolucionaria, esto es cierto. Lo fue cuando apareció como la fuerza de cambio que sustituyó el modo de producción feudal y dio inicio al modo de producción capitalista. De manera que esa fuerza en sus inicios se convierte en la médula y sostén del capitalismo perdiendo, por ende, su característica revolucionaria. Ya lo advierte Antonio Gramsci cuando subraya que la democracia liberal es un sistema de dominación de clase ejercido por la burguesía. De manera que es absurdo concebir a la burguesía dejando su papel hegemónico para convertirse en una fuerza revolucionaria de un proceso de cambio que busca la sustitución del capitalismo por un nuevo modo de producción.
Es más, el ascenso de la burguesía tiene que ver con dos elementos fundamentales: La propiedad privada de los medios de producción y el proceso de acumulación capitalista. Es esencia del burgués tener el dominio, la hegemonía y la propiedad de los medios de producción lo cual le permite tener trabajadores asalariados y ser el factor básico en la acumulación de capital, por estos mecanismos el burgués decide qué le paga al trabajador que contrata y a la vez, le expropia la plusvalía que no es otra cosa que la fuerza de trabajo excedente que origina este trabajador. En otras palabras, el burgués le roba al trabajador parte de su fuerza de trabajo.
Ahora, ¿puede existir la burguesía nacionalista? La respuesta es afirmativa. En Venezuela hemos tenido algunas experiencias. En los años 60 y 70 un empresario llamado Alejandro Hernández fundó la asociación Pro Venezuela que permaneció durante varias décadas con el objetivo de incentivar el amor al país y al producto nuestro. Fallecido Hernández la presidencia de esa organización la ejerció otro empresario, Reinaldo Cervini. Pro Venezuela fue también un escenario de investigación y estudios por parte de intelectuales del campo progresista.
Sin embargo, cuando el capitalismo en el país empezó a mostrar su verdadera cara expoliadora, este tipo de experiencias dejó de tener sentido. ¿Por qué? Porque el burgués puede tener un propósito nacionalista en el sentido de su amor por la Patria, en su moralidad de tipo social pero, en el fondo es un burgués. Por ejemplo, un empresario nacionalista en su empresa tiene un grupo de trabajadores a los cuales les otorga un salario que compensa sus necesidades fundamentales, también les da beneficios sociales importantes y les dispensa un trato amable y de respeto a su condición de humano. Sin embargo, como es un burgués esta condición predomina en el sentido de que a pesar de todas estos señalamientos enumerados, este buen patrón también le roba el excedente de la fuerza de trabajo a sus empleados. Puede que esta apropiación sea menor que la del empresario codicioso, pero como dice el pueblo robo es robo. En otras palabras, ese burgués puede ser muy nacionalista, pero jamás un revolucionario.


