Bolívar es América (Ilustración ReinaldodarioBolívar)
Venezuela Vencerá
Por: Alexander Gabriel Yánez Deleuze
Escribo estas líneas desde Ginebra, con un bolígrafo de las Naciones Unidas, esas Naciones Unidas que quieren hacer irrelevantes como al Derecho Internacional.
Son momentos complejos y difíciles para el mundo -una verdadera encrucijada- para todos, también para Venezuela. Nuestro país se ha transformado en una ecuación -más que en una variable-. Sus benditas riquezas la han convertido en factor determinante para los planes de dominación y supremacía de los estados unidos, pero a la vez, en la clave para pretender cambiar la caída vertiginosa del poder imperial estadounidense.
No se trata del ejercicio de su poder militar desde la Cima o cúspide del poder, se trata más bien del ejercicio del poder militar desde la Sima o declive del poder. Por ello, Venezuela se transforma en la ecuación compleja que resuelve cinco problemas críticos en la conciencia del poder estadounidense. 1) resuelve su crisis energética, 2) resuelve buena parte de su crisis económica, 3) resuelve parte de su incapacidad de competir con otras potencias, 4) resuelve una parte importante de su crisis de control geopolítico global, y en esencia, 5) resuelve su crisis de hegemonía universal. Esa es la dimensión de la importancia de Venezuela y de la agresión contra el pueblo.
Todas estas fuerzas imperiales que se han desatado contra Venezuela, son de fondo para confrontar el impulso del pensamiento y las ideas de un hombre, de una visión del mundo y del universo: Bolívar.
Su pensamiento, que trasciende el tiempo, fue rescatado cual semilla por Hugo Chávez y regado con las aguas de las ideas del siglo XXI, para fertilizarlas -como ha ocurrido- en las tierras del pueblo nuestro. Esas ideas hoy son asumidas y defendidas por un pueblo, cuya naturaleza en este 2026, es la misma que la del pueblo venezolano de 1810, 1819, 1821, 1822, 1824 y 1826. Es decir, del pueblo ejército desplegado como los ríos por toda la tierra sagrada suramericana. El espíritu de ese pueblo-continente, de ese pueblo-nación, de ese pueblo-Patria Grande, pretende ser domado y el fuego sagrado de Bolívar, pretende ser apagado.
Esta confrontación contra Bolívar es histórica. Mientras hoy desde el norte se reivindica a Monroe, nuestra tarea desde el sur es invocar a Bolívar. Si tenemos a Bolívar, todo lo demás es posible. Debemos tener presente que el tiempo no es lo importante, aún si pasaran cien años, ese fuego sagrado está allí, llameante en el ADN, en la genética del pueblo de Venezuela. Se transmite de generación en generación, como gen dominante o recesivo y fue en nuestra generación, en nuestro momento histórico donde el gen se hizo dominante nuevamente.
Entendamos que esa es una responsabilidad histórica, pero también una responsabilidad generacional que el pueblo de Venezuela de hoy ha asumido y debe seguir asumiendo, aún en las circunstancias más difíciles. Aún, ante los ojos de la muerte o del verdugo, la llama sagrada de Bolívar debe estar fulgurante e intacta… esa es nuestra mejor defensa. Porque ese fuego sagrado se llama Dignidad… y la dignidad de un pueblo es la que alimenta su espíritu, es la que motiva su existencia y es la que ilumina la voluntad de seguir luchando.
Para el Libertador Bolívar, lo primero es existir, pero existir libres y no subyugados, libres y no dominados… para poder decidir lo que es mejor para los venezolanos, sin que la intimidación o el miedo nublen nuestras conciencias y tampoco nuestra razón.
Tampoco debe perderse de vista la unidad con los otros, porque la unidad es al poder del pueblo lo que la dignidad es al espíritu de la nación. La unidad del pueblo de Venezuela no sólo es necesaria, sino determinante para preservar la dignidad y el alma de la nación.
La dignidad no es mera palabra o concepto vacío, no es retórica banal, es en cambio esencia de lo que fuimos, razón de lo que somos y exigencia de lo que seremos. Si permitimos que se humille la dignidad de la nación, tanto la muerte heroica de los hombres y mujeres de hoy, como la de nuestros héroes en la guerra de independencia de ayer habrán sido en vano. No habría tenido sentido el sacrificio a la Patria hecho por Bolívar, Chávez y Maduro, como líderes en tiempos distintos, pero en circunstancias y ante adversarios similares.
Este mensaje trasciende a Venezuela, involucra también a la América nuestra, cuya sangre, cuya savia, cuya vitalidad es el gran pueblo nuestro americano. Allí está la clave para la realización del Supremo Sueño de Bolívar. De la Unidad fluirán la libertad e independencia de los pueblos nuestroamericanos.
Hemos llegado a un punto de no retorno. Hemos llegado a la encrucijada de la historia o a la bifurcación del porvenir. Ha llegado el momento de la definición histórica del camino de Venezuela, que será también la revelación del de la humanidad.
Las luchas de ayer, por la independencia de Venezuela, irradiaron las luchas de independencia de otros pueblos. Hoy, la dignidad, la resistencia y rebeldía de nuestro pueblo está haciendo lo mismo. Hoy, aunque no podamos medirlo, se percibe en el ambiente universal, que los ojos del mundo están nuevamente puestos en Venezuela… expectantes de nuestra lucha y de nuestro destino.
Vamos a asumir la carga histórica que por siempre nos ha tocado llevar por el bien de las causas justas, o ¿acaso claudicaremos en tan sagrada responsabilidad?
Los momentos de reflexión profunda y acción son necesarios, pero la reflexión consciente debe dar paso a la acción concreta, colectiva y popular. Todos los venezolanos y venezolanas, en cualquier circunstancia y más allá de nuestro bienestar personal, tenemos la obligación espiritual, moral e histórica de cumplir el mandato de Dios y de nuestros Libertadores.
El tiempo es hoy. Ha llegado el momento de defender nuestra tierra, de protegerla, de cuidarla, de preservarla para impedir que poder alguno sobre la tierra refuercen su falsa creencia de que lo nuestro es de ellos. La única forma de hacerlo es asumir el sacrificio de la lucha consciente, diaria, unos al lado de los otros, porque juntos somos la masa inexpugnable de la dignidad de un pueblo.
Es en la adversidad cuando afloran el valor, el coraje y el heroísmo que caracteriza a los hombres y mujeres de la Patria de Bolívar. Se inflamarán el heroísmo, la grandeza y la sabiduría ante las dificultades más exigentes.
Nuestra responsabilidad como generación es legarle a los que vienen este patrón de lucha y este mensaje de acción. En definitiva, la suma de este deber histórico que suponen las ideas de Bolívar y por la cual millones de hombres y mujeres le acompañaron en una empresa que parecía imposible: Vencer al Imperio de su tiempo.
No debemos olvidar que nuestra historia es nuestro mayor orgullo, ella es la evidencia de nuestra existencia y el símbolo de nuestra alma nacional. Hoy, no podemos cambiar ese sentimiento, porque esa es la base de la historia que estamos construyendo hacia el futuro, es decir, la historia que -junto a la de Bolívar- será estudiada y contada con orgullo por aquellos que aún no han nacido. La historia de ellos, debe ser como la nuestra…una historia de grandeza, valentía y resistencia para la victoria. Una historia que recuerde al pueblo de Bolívar del siglo XXI, como el fundador de un nuevo tiempo universal.
Vayamos pues, junto a nuestras convicciones y nuestros sentimientos a asumir el lugar que a cada quien corresponda en esta nueva campaña de lucha histórica por la existencia de Venezuela. Vayamos pues, con coraje, con valor, con indignación, con dolor, pero sobre todo con la fuerza moral de un pueblo libre que se sabe hace lo correcto. Vayamos pues, a reivindicar el carácter de Bravo Pueblo para lanzar el nuevo yugo que se nos pretende imponer. Vayamos pues, con la ley, la virtud y el honor…del Bravo Pueblo de Venezuela.
Ginebra, 10 de enero 2026
Publicado por la Agencia Iternacional del Sur (AiSUR)
Premio Nacional de Periodismo Necesario 2020


