El traslado al Panteón Nacional de los restos de Hipólita Matea y Apacuana es símbolo del reconocimiento patrio y originario
La llegada de los restos de Hipólita Bolívar, Matea Bolívar y Apacuana al Panteón Nacional, más que un orgullo significa una reivindicación de la Patria con sus raíces y con su pueblo, también es sinónimo de una elevación sublime a la concepción de heroísmo al que estábamos acostumbrados. Así lo afirmó a Ciudad CCS el viceministro de Relaciones Exteriores para África, Reinaldo Bolívar.
“La elevación al más alto predio de la Patria de estas tres mujeres es una muestra más de la interacción a la memoria colectiva de sus heroínas y héroes. Es el reconocimiento a las luchas armadas e ideológicas contra la colonización a la que fue sometida Venezuela y Nuestra América”, dijo.
Bolívar asegura que el hecho representa y rinde tributo a la multietnicidad implícita en nuestra identidad grannacional, la cual se ve, con este gesto, conjugada con el relevo, en la resistencia y el acuse entusiasta de la gesta de las mujeres en la conformación de la Patria.
El traslado de los restos de estas emblemáticas figuras de la venezolanidad es un símbolo inefable de Revolución, pues el Panteón Nacional, a pesar de ser designado como el espacio en el que reposan los restos de los personajes involucrados en la historia de Venezuela, incluyó en su seno, durante años, a gobernantes, diplomáticos o miembros de antiguos linajes, mas no al pueblo. Es aquí donde radica la importancia del anuncio realizado el pasado martes por la ministra del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, Blanca Eekhout.
Asimismo, el traslado invita al pueblo a reflexionar sobre el papel que ha desempeñado la mujer a lo largo de la historia y las luchas que ha emprendido por el bien patrio. Y es que la figura de estas tres heroínas era, antes, mal vista por ser pertenecientes, en el caso de Matea e Hipólita a grupos de esclavizados negros, y en el caso de Apacuana por pertenecer a un pueblo indígena, todos abusados por el colonialismo y vejados en su aporte a la construcción patria que durante años fue ignorada.
“Reivindicar lo indígena y lo afro es encontrarse con la esencia más popular de la nación. La que ofrendó noventa por ciento de su población en el caso indígena y setenta por ciento en el caso africano. Ofrenda para no dejarse arrebatar la libertad y la soberanía del ser”, expresó el viceministro.
Ese grano de arena que cada una aportó significa, aún hoy en día, los valores más importantes y cimiento indestructible de una sociedad sana, rica en expresiones culturales y sobre todo libre, consciente y desapegada de alienaciones. Son esos valores maternos del compartir y brindar bienestar, que dieron Matea e Hipólita a Bolívar, los que lo proveyeron de los recursos necesarios y del sentimiento de seguridad para adaptarse a las exigencias que requería la tarea de convertirse en el Libertador de seis naciones.
La Negra Hipólita, como es conocida la nodriza de Bolívar, se encargó de amamantarlo desde su nacimiento, tras una enfermedad sufrida por la madre, representando entonces ese vínculo materno para el Libertador al igual que Matea, quien se ocupó de la crianza y educación de Bolívar junto a Hipólita y creó un gran vínculo afectivo por el cual Bolívar la reconoció como una madre.
Matea fue una mujer longeva. Con más de un centenar de años, acompañó al entonces Presidente de la República, Antonio Guzmán Blanco, al traslado de los restos de Bolívar al Panteón el 28 de octubre de 1876.
“Asumir a Hipólita y Matea como esenciales en la formación de Simón Bolívar es el reconocimiento a la educación no formal, la del hogar, la espiritual, la materna”, consideró el funcionario.
En el caso de Apacuana, la figura femenina se ve reforzada y reivindicada, siendo esta la responsable del alzamiento del pueblo Quiriquire ante la opresión colonial española. Apacuana pasa a ser, entonces, muestra del compromiso de la Revolución Bolivariana y Feminista que proclamó Chávez con la mujer y la historia. Es ejemplo del carácter combativo de la mujer, de su capacidad de lucha y defensa de sus derechos, así como de amor, que brota en la decisión firme de darlo todo por su pueblo.
Ruta popular
La ruta popular para el traslado de los restos de estas tres insignes venezolanas comenzará el 1° de marzo en San José de Tiznados, Municipio Ortiz del estado Guárico. De allí, la Negra Matea partirá a la búsqueda de su amiga amada Hipólita. Camino en el que se realizará una parada en San Juan de los Morros, lugar en el que los guariqueños le rendirán honores.
El recorrido continuará hacia Villa de Cura, en el estado Aragua, donde se hará una segunda parada y de ahí continuará a San Mateo, tierra en la que nació Hipólita y en la que ambas vivieron varios años, en el Ingenio de los Bolívar. Desde este punto, saldrán camino a Cúa, Los Valles del Tuy para partir de ahí con Apacuana.
En Caracas serán recibidas como heroínas de la Patria en la Plaza Bolívar, para luego ingresar al Panteón Nacional, “Para alegría de Simón y de toda la Venezuela multiétnica y pluripolar consciente”, refirió el viceministro.
Recorrido de las tres heroínas
Heroínas Patrias
El Panteón Nacional es el espacio en el cual se resguardan los restos de personajes destacados de la historia de Venezuela. Durante la Cuarta República solo se le dio entrada a personas con ciertas cualidades, títulos o linaje.
Sin embargo, en el año 2002, el Comandante Chávez revolucionó esos formalismos incluyendo, en el contexto de las celebraciones del Día de la Mujer, a la heroína independentista Josefa Camejo en ese recinto histórico. Con la llegada de los restos de Matea, Hipólita y Apacuana, llegaría a nueve el número de féminas sepultadas en el monumento histórico en el que ya reposan las heroínas y representantes nacionales Luisa Cáceres de Arismendi, Teresa Carreño, Teresa de la Parra, Josefa Camejo, Manuela Sáenz y Juana La Avanzadora.
Esa revolución de clases propiciada por Chávez también incluyó a los héroes indígenas y afrodescendientes que libraron batallas por la Patria desde sus trincheras particulares. En ese sentido, Matea e Hipólita vendrían a ocupar la segunda y tercera entrada de personajes afrodescendientes al Monumento Nacional, y la segunda y tercera entrada de un esclavo, después de Negro Primero, al monumento histórico. Por su parte, Apacuana es la décima mujer y la segunda indígena, precedida por Guaicaipuro, en reposar en el Panteón.


