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Sucesos

África sufre anomalías climáticas

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 La civilización del destrozo causa daños irreparables en los ecosistemas y eso lo demuestra actualmente la cada vez más afectada capa protectora de ozono, víctima del uso abusivo de diversos tipos de gases.

Si bien está demostrado que la naturaleza procura encontrar el equilibrio para defenderse, la acción humana muchas veces la desestabiliza, entonces la reacción es despiadada, como ocurre con la paradoja climática que afecta hoy al sur y al este del continente africano.

Mientras en el oriente de África durante el segundo trimestre del año la sequía destroza la agricultura y la ganadería, con la cuarta temporada de escasa lluvia, en la región meridional se reportan inundaciones en extensas áreas de la provincia sudafricana de KwaZulu-Natal.

La época de lluvia en el sureste africano ocurre en los meses de marzo, abril y mayo, y se considera de suma importancia por ser el período que se aprovecha para la siembra, pero este año –como en 2019- la inclemencia de las precipitaciones destruyó centenares de viviendas en la citada zona.

Según reportes oficiales, el número de víctimas mortales confirmadas hasta ahora fue de cerca de 400, pero no se descarta que la cifra continúe ascendiendo en la región del litoral sureño, donde los servicios meteorológicos prevén la persistencia de los vendavales.

La extensión de las precipitaciones afecta la prestación de asistencia humanitaria general a la población dañada y/o vulnerable, así como pone en duda la capacidad de su recuperación desde el punto de vista alimentario al perderse gran parte de su reserva de víveres. Asimismo, los daños materiales son elevados, se calcula que las pérdidas son millonarias, según el jefe de Gobierno de KwaZulu-Natal, Sihle Zikalala, mientras que en diversas áreas de la provincia los habitantes permanecen sin luz ni agua y muchas de las principales carreteras están intransitables.

El gobierno sudafricano declaró estado de desastre en esa provincia oriental, lo cual le permitirá acceder a recursos especiales para enfrentar la catástrofe, y a la vez movilizó mecanismos de auxilio para atender a la población ante el deterioro de las condiciones meteorológicas.

«Todos los órganos del Estado quedan llamados a fortalecer el apoyo a las estructuras existentes para implementar disposiciones de contingencia», dispuso el comunicado gubernamental al respecto, que confirma la declaración oficial de la situación calamitosa y fue distribuido a los medios de prensa.

El ministro de Gobernanza Cooperativa y Asuntos Tradicionales Sipho Hlomuka afirmó que en las zonas afectadas por los lluvias más de 40 mil 700 personas abandonaron sus hogares y medios de difusión se refirieron a una cifra indeterminada de desaparecidos, lo cual confirma la posibilidad del incremento de occisos.

Por su parte, el presidente Cyril Ramaphosa visitó el área golpeada por los temporales y manifestó a la prensa que esas inundaciones constituyen una «catástrofe de enormes proporciones» relacionada directamente con el deterioro climático.

Hace tres años esa región, donde se ubica uno de los puertos más importantes del continente, también registró en esta misma época del año lluvias torrenciales que causaron inundaciones y la muerte de 80 ciudadanos.

En esta ocasión el Estado destinará inicialmente mil millones de rands (alrededor de 68,30 millones de dólares) para ayuda de emergencia inmediata, declaró el ministro de Finanzas, Enoch Godongwana, y añadió que con posterioridad se aportará más financiamiento.

Mientras que KwaZulu-Natal permanece anegada, gran parte de la región oriental africana sufre una persistente sequía que amenaza con el hambre a no menos de 29 millones de personas, según informó la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD).

El esquema de integración subregional indicó que luego de tres períodos de escasas lluvias, se pronostica que en el este y, sobre todo en el denominado Cuerno Africano, los países enfrentarán el tiempo de seca más severa de los últimos 40 años con sus consecuentes perjuicios.

En esa zona el deterioro climático se evidenció en este mes de marzo con anormalidades en las temperaturas, las cuales fueron más altas para este período, en tanto los niveles de precipitaciones resultaron inferiores a los promedios históricos en este ciclo del año.

La IGAD alertó que posiblemente no llueva por cuatro años consecutivos, lo que pondrá en riesgo la seguridad en términos humanitarios, ya en difíciles condiciones. Ese peligro puede escalar y también ampliarse la amenaza a los medios de supervivencia de al menos 29 millones de personas.

El presidente de bloque subregional, Workneh Gebeyehu, precisó recientemente que la región enfrenta un alto nivel de inseguridad alimentaria por la intensa y recurrente sequía, y puntualizó que hasta 16 millones de ciudadanos requieren ayuda inmediata.

Organismos internacionales convergen en que para atenuar los efectos del cambio climático y también lograr los compromisos de poner fin a la pobreza en 2030 hay que pensar con mayor insistencia en el papel del campo y la alimentación en el continente africano.

Pero el cumplimiento de esos compromisos supone un esfuerzo conjunto en la salvación del planeta, la realización de acciones responsables para reponer heridas que, indiscriminadamente, el ser humano le perpetra con la explotación caótica de los recursos no renovables como los combustibles fósiles o la eliminación de los lechos marinos.

car/to/mt


Fuente: Prensa latina
Publicado por AiSUR
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