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Tanzania tiene presidenta ¿Es una presidente feminista?

 

Samia Suluhu HassanSamia Suluhu Hassan

Tanzania tiene presidenta. ¿Es una presidenta feminista?

Tras la conmoción causada por la muerte del presidente John Magufuli el 17 de marzo, muchos tanzanos están llenos de esperanza ante lo que podría traer el gobierno de su sucesora. La presidenta Samia Suluhu ya ha revertido algunas de las posturas de su predecesor. Ha ordenado que se levanten las prohibiciones a los medios de comunicación impuestas por la administración anterior y ha iniciado un grupo de trabajo de expertos en coronavirus., A muchos, ahora, les gustaría ver a la primera mujer presidenta de Tanzania romper con el legado de Magufuli en cuestiones de género.

Durante sus aproximadamente cinco años en el cargo, el presidente Magufuli mostró repetidamente desprecio por mujeres y niñas. En junio de 2017, por ejemplo, anunció la prohibición de que las chicas embarazadas asistieran a la escuela, diciendo: "no podemos permitir que este comportamiento inmoral se infiltre en nuestras escuelas primarias y secundarias". Esta política no solo obligó a jovenes vulnerables a una mayor precariedad, sino que iba en contra de las existentes directrices de su propio gobierno. En 2018, su administración prohibió anuncios de planificación familiar en radio y televisión. El gobierno no dio ninguna razón para la medida, pero se produjo días después de que Magufuli llamara “perezosas”a las personas que usan anticonceptivos diciendo que "no quieren trabajar duro para alimentar a una familia numerosa".

El desdén del expresidente por las mujeres se manifestó también en su retórica, ya que con frecuencia se salía del guión. Durante una función en la Casa del Estado en agosto de 2020, por ejemplo, Magufuli dijo que golpearía a las mujeres del sur de Tanzania que planeaban protestar y agregó: “Estoy siendo honesto al no ocultarlo”. En las elecciones de octubre de 2020, pidió a los votantes de Temeke, Dar es Salaam, que votaran por la candidata de piel más clara del partido gobernante, y dijo que era más probable que la escuchara a ella que a su oponente de tez más oscura.

Estas declaraciones probablemente no disminuyeron el apoyo a Magufuli, especialmente entre su base mayoritariamente rural y pobremente educada que tradicionalmente admira el machismo. Sus comentarios sexistas se presentaban generalmente como bromas y, a menudo, los asistentes a los rallyes y fans en redes sociales lo aplaudían con entusiasmo. Sin embargo, es poco probable que le haya ganado votos que no tenía.

La presidenta Suluhu hereda la misma base y puede ser cauta al no moverse demasiado rápido por el riesgo de alienarse, pero más allá de esto, hay poco que le impida cambiar muchas de las posiciones del expresidente. El tipo de misoginia de Magufuli parece haber reflejado sus puntos de vista personales más que ser parte de una importante estrategia gubernamental. Su postura sobre las mujeres se convirtió en la del Estado. Ahora que se ha ido, Suluhu tiene la oportunidad de dejar que sus propias creencias sobre género den forma a la política oficial.

¿Qué pretende Suluhu?

Sobre la base de sus primeros días, desde que asumió el cargo el 19 de marzo, es difícil predecir hasta qué punto la presidenta Suluhu intentará abordar la desigualdad de género. Por un lado, parecía ser consciente y estar preparándose para enfrentar los arraigados puntos de vista patriarcales que impregnan a la sociedad tanzana cuando declaró en el funeral de Estado de Magufuli: “Para aquellos que tengan dudas sobre si esta mujer puede ser la presidenta de la República Unida de Tanzania, quiero decirles que la que ven ante ustedes es la presidenta”.

Por otro lado, las declaraciones de Suluhu del 29 de marzo sobre la corrupción sexual en las universidades ya han decepcionado a defensores de género. Acusan a la presidenta de desconocer la naturaleza del problema y restar importancia a su gravedad cuando enfatizó que el agresor y la víctima de la explotación sexual son “ambos adultos”.

Basándose en sus antecedentes es también difícil hacerse una idea de las convicciones de Suluhu. Lo que sí sabemos es que la mujer, de 61 años, es una política experimentada que sabe lo que se necesita para progresar como mujer en la política de Tanzania dominada por hombres. Suluhu fue elegida por primera vez en el 2000 como miembro de la Cámara de Representantes de Zanzíbar y se convirtió en la única ministra de alto rango en el gobierno de Zanzíbar. En 2010, ganó un escaño en la Asamblea Nacional. Inmediatamente fue nombrada ministra bajo el presidente Jakaya Kikwete antes de convertirse en vicepresidenta cuando Magufuli asumió el cargo en 2015.

A partir de esta experiencia, la president Suluhu sabrá lo que se necesita para hacer que las cosas avancen. La pregunta sigue siendo si tiene la voluntad política para promover la igualdad de género en un país donde la representación femenina en política es baja y los ingresos de las mujeres están significativamente por detrás de los de los hombres.

Si lo hace, revertiendo la prohibición sexista de Magufuli de que las estudiantes embarazadas vayan a la escuela, enviaría un mensaje claro, y sin costo político, de que no volverá a ser como de costumbre. Otra medida clara sería aumentar a 18 años la edad mínima para que las mujeres puedan casarse de acuerdo con el fallo de la Corte Suprema de Apelaciones de 2019 de que la ley de matrimonio de Tanzania es actualmente inconstitucional.

La pelota en estos asuntos y otros está en la cancha de la presidenta Suluhu. Al asumir el cargo con una ola de esperanza, tiene todo el poder y capital político que necesita para revertir las políticas regresivas de Magufuli y centrarse, en cambio, en mejorar el bienestar de las mujeres y chicas en Tanzania. Pero al igual que muchas otras cosas en este momento queda por ver hasta qué punto romperá significativamente con el legado que aún permanece de su predecesor.


Fuente: Fundación Sur
Publicado por AiSUR
Premio Naciona de Periodismo Necesario Anibal Nazoa 2021

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