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La silenciosa presencia de Japón en África

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Por: Alexandra Dumitrascu

A finales de agosto se celebró el segundo Foro de Inversión Empresarial África-Japón, un encuentro de alto nivel organizado con el fin de consolidar los lazos entre los países africanos y las empresas japonesas, así como para promover el potencial del continente en cuanto a las oportunidades de negocio e inversión que ofrece. El evento, co-organizado por IC Publications - el grupo mediático editor de las revistas New African o African Business, entre otras - y Nikkei Business Publications - la corporación más influyente en materia de negocios de Japón - tuvo lugar en Addis Abeba y se prolongó a lo largo de tres días en los que la fuerte presencia de empresarios y funcionarios etíopes vaticinaba un sumo interés en promocionar las relaciones con Japón, por lo menos por parte de Etiopia.

Con el fantasma de la desaceleración económica de China presente, los empresarios africanos invitaron a Japón a enfatizar su participación hacia la financiación de proyectos y facilitar la inversión en sectores clave de las economías africanas para estimular, así, su desarrollo económico. “El superciclo de las materias primas de China llega a su fin, a lo que se suma la ralentización de su economía, y esto quiere decir que el exceso de capital no se va a gastar en proyectos africanos…por eso los países de África deben dirigir la mirada hacia otros socios económicos dado que China se va a concentrar en países mayores con proyectos mayores en  detrimento de los pequeños”, alertó Katsumi Hirano, el investigador jefe del Instituto de Economías en Desarrollo en la Organización de Comercio Exterior de Japón.

En la ceremonia de apertura, el primer ministro de Etiopia, Haile Mariam Desalegne, alegó que la iniciativa representa una demostración de que Japón quiere formar parte del crecimiento de África, y destacó que, a pesar de la estimulante inversión de Japón de los últimos años, éste país aún no ha mostrado lo suficientemente su potencial y dirigió el dedo hacía sectores infradesarrollados como los del ferrocarril, infraestructura vial y el energético, donde el país asiático tiene un nicho a explotar.

Zemedeneh Negat, socio gerente de Ernst and Young Etiopia criticó sutilmente la lenta y cauta iniciativa de tomar partido del potencial del continente cuasi monopolizado por la presencia de China, de la cual han dependido en la última década casi en exclusiva países como Zambia, Angola o Nigeria. Sin embargo, Nobuyuki Tanaka, el director general de Nikkei Business Publication, dejó claro que Japón llegó para quedarse y que el foro representaba una manera de aprovechar el crecimiento económico de África y el potencial de sus recursos naturales que constituyen una buena oportunidad de inversión para las empresas japonesas cuyas expectativas han aumentado en los últimos años.

Fuerte interés en África

En enero de 2014, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, visitó Costa de Marfil, Mozambique y Etiopía, acompañado por una delegación conformada por más de 30 compañías; una gira que coincidió con el paso del ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, por Etiopia, Yibuti, Ghana y Senegal. Mientras que las visitas de alto nivel en el continente africano por parte de China son algo habitual, la de Shinzo Abe fue la primera vez desde 2006 que un primer ministro japonés pisaba África, lo que vaticinaba un giro de Japón hacía esta región con miras hacia nuevos recursos dentro de una nueva estrategia para estimular su lastrada economía por el desastre nuclear de Fukushima.

Durante los encuentros, el mandatario japonés se comprometió con aportar 32 billones de dólares adicionales en concepto de ayuda, inversión y préstamo, por un plazo de tres años, de los cuáles, en su mayoría estarán destinados a las ayudas (44%) y a financiar proyectos para desarrollar las infraestructuras (20%). Japón es consciente del gran potencial de los países africanos cuyo crecimiento ubica a África como el segundo continente con más expansión económica, tras el asiático. Sin embargo, uno de los puntos débiles reiterados en ocasiones por Japón son la inseguridad y la inestabilidad política de sus países.

Aunque todo es relativo, y la inversión japonesa en África ha aumentado un 576% en los últimos 5 años. Según el prestigioso bufete Linklaters, la financiación de proyectos en el continente africano se hizo en 2014 por un valor de 3,54 billones de dólares, de los 4,2 invertidos por los países asiáticos en su totalidad - destinados principalmente a la construcción de carreteras, de plantas de saneamiento de aguas, oleoductos y tuberías de gas - una cifra que triplica a la inversión china, y que convierte a Japón en el inversor más activo de África. Si tradicionalmente Sudáfrica ha captado la mayor parte de la inversión japonesa en el continente, en 2014 ha sido Nigeria el que más se ha beneficiado, siendo Japón el mayor inversor asiático en el país africano. El país nipón estudia, igualmente, propagar su inversión hacia otros mercados ricos en recursos naturales como Congo, Zambia o Botswana, para variar la oferta de gas y petróleo que la obtiene principalmente de los estados de Magreb y de los países occidentales, especialmente de Nigeria y Angola.

El interés de Japón por África y por sus recursos también quedó expresado en mayo de este año por el ministro de Economía, Comercio e Industria japonés, Yoichi Miyazawa, que anunció una intensificación de los encuentros bilaterales con los países de la región y manifestó un gran interés por la industria minera de la cual persigue “ampliar las oportunidades para lograr un suministro estable de recursos minerales a medio y largo plazo”.

La inversión por parte de las empresas japonesas es previsible que se expanda por lo menos a corto plazo dado que, según una encuesta de la Organización Oficial de Japón para el Comercio Exterior (JETRO), el 69% de los encuestados procedentes de empresas japonesas afiliadas en 24 países africanos  han expresado su deseo de ampliar sus negocios en el futuro más próximo.

Un valor añadido de Japón respecto a su próximo competidor en el continente, China, y que, seguramente, representa un aspecto importante por el que se inclinan los anfitriones africanos es, tal como enfatizó Shinzo Abe durante su visita, no sólo el trato de igual a igual, sino el hecho de que la ayuda que Japón concede está diseñada para crear puestos de trabajo y transferir tecnología, así como un know-how inigualable. Mientras que la inversión china es bien sabido que lleva acompañada la precondición de emplear a su propia mano de obra, un abuso que ha recibido ya la queja de la población local.   

Puntos débiles

Un campo donde Japón suspende es en el de asistencia al desarrollo. El país asiático es el quinto mayor donante del mundo, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo económico (OCDE), con 9.188 millones de dólares en 2014. No obstante, el porcentaje que actualmente Japón dedica al desarrollo de los países en desarrollo no sólo no alcanza el 0,7% del PIB establecido por Naciones Unidas, sino que este ha sufrido un recorte de cuatro décimas porcentuales respecto al 2013 cuando se destinó 11.582 millones a esta partida.

Sin embargo, una faceta menos conocida quizá sea el programa ABE Initiative o la Iniciativa de Educación de Negocios Africana, un sistema que ofrece oportunidades a los jóvenes africanos de cursar en universidades japonesas y de hacer prácticas en empresas nacionales con el objetivo de contribuir al desarrollo de los recursos humanos de África. En 2014 Abe Initiative recibió con este fin a 156 participantes de 8 países: Kenia, Tanzania, Sudáfrica, Sudán, Etiopia, Costa de Marfil, Ruanda y Mozambique. La iniciativa fue lanzada en la 5º edición de la Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África (TICAD), un encuentro de alto nivel organizado por Japón desde 1993 y que promueve el diálogo y la cooperación entre los líderes africanos y las asociaciones al desarrollo.

Otra debilidad de Japón con respecto a África es el comercio. En 2013 el intercambio comercial con el continente africano apenas alcanzó la modesta suma de 25 billones de dólares con déficit para Japón, muy lejos de los más de 150 billones del comercio sino-africano, lo que hace de China el mayor socio comercial del continente, un puesto que mantiene desde 2009 cuando se lo arrebató a Estados Unidos. 


Fuente: Fuente Atalayar
Publicado por AiSUR
Premio Nacional de Periodismo Necesario 2020


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