La tierra siempre vivirá, la humanidad no

Amazona en llamaAmazona en llama

Hace unos 66 millones de años el impacto de un asteroide en la Península de Yucatán, seguido de las erupciones volcánicas masivas acabó con la vida, en especial con los fascinantes dinosaurios que reinaban en la masa terrestre.

Bosques, desaparecidos,  iceberg derretidos, maremotos. La ciencia ha demostrado, por los estudios de los fósiles que Fósiles hallados en la Antártida confirman que la desaparición de especies fue repentina, masiva y alcanzó a todos los rincones del planeta. Setenta por ciento de las especies marinas se extinguieron. Si hubiere habido vida humana, también hubiera desaparecido.

El planeta fue devastado, pero la Pachamama, no murió. Ella es el principio de la vida. Los grandes mamíferos serían los herederos de los dinosaurios en una tierra que se rehabilitó, con nueva flora, mares, ríos, paisajes. Especies marinas evolucionaron a  anfibios o mamíferos, o a aves. La tierra tiene sus formas para continuar sus ciclos. Aunque aquella  recuperación tomo 350 mil años para ser lo que vemos hoy, a excepción claro está, del paisaje urbano.

La gran catástrofe llegó a todo el orbe. Nada que ver con las películas o ficciones que reservan un lugar esplendido donde la muerte no llegará; el día después con gente con esperanzas luego del cataclismo nuclear, o momentos sobre una mega nave que las lleva a otro planeta. Así no será la realidad.

El ser humano es hoy el principal enemigo --no de la tierra, que salvo cuando le llegue la hora estelar, como a todos los planetas, y eso será en unos 25 millones de años, desaparecerá-- sino de sí mismo.

Los grandes cambios negativos sobre el clima los está cometiendo el ser humano, lo cual genera huracanes, maremotos, derretimiento de los polos, aumento de las zonas desérticas, por tanto causa la muerte de los seres vivos, incluyendo hombres y mujeres.

Habrá quien al arder el Amazonas solo sentirá lastima al ver llorando a los animales por  sus crías, ajeno a que ese destino de desolación y muerte amenaza por igual la vida humana. El ser humano se dirige a su propia autodestrucción pensando que el mal es para la tierra. Se equivoca. El Planeta seguirá su rumbo por millones de años y la humanidad podría sufrir el destino de los dinosaurios.


Autor: Reinaldo Bolívar


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