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Roscio y el 5 de julio de 1811

Juan German RoscioJuan German Roscio

A finales de junio, en medio de las noticias de la organización contra el gobierno central por las provincias de Maracaibo, Coro y Valencia, con ayuda de Puerto Rico los diputados han entrado a reflexionar sobre la conveniencia de la Independencia. El Congreso rememora el papel de la Junta Suprema y el legado del 19 de abril. El diputado por Calabozo, Roscio Nieves, habla de ello con pasión. Siempre bien ilustrado, hace una referencia a los acontecimientos de 1808.

El diputado Peñalver muestra cierto desacuerdo con Roscio. Por lo que de seguida interviene el diputado Francisco de Miranda quien se pone lado de la posición que sostiene el guariqueño:

“El Preopinante ha contrariado los principios del Señor Roscio que yo creo muy sólidos. Fue necesaria la heroica revolución de Caracas para dar impulso a la justicia de la América, constituyéndose en Venezuela la soberanía del pueblo americano.”

Una ardiente discusión se produce el 2 de julio cuando un grupo mayoritario de diputados propone que la sede de Congreso se traslade a Valencia, en la creencia de que eso puede atraer a la causa a los valencianos inconformes. Roscio se opone, piensa que se ha obrado bien al instalar el Congreso en Caracas:

“Procedamos bien como hasta aquí, y procedamos siempre por la senda de la verdad y la justicia, y en breve tiempo el maldiciente se verá precisado a mudar el lenguaje. Que nuestras obras justifiquen la rectitud de nuestros procedimientos y lejos de nosotros los temores.” (Subrayado nuestro).

Pero a pesar de sus oportunos argumentos, la mayoría aprueba que en el futuro se haga el traslado del legislativo a Valencia, y él acepta la decisión colegiada.

Otro grupo de diputados, ante la inminencia de la declaración de Independencia pide aclarar si el Congreso está facultado para ello. Se revisa el Reglamento para la Convocatoria a elecciones, y se concluye que esa atribución está otorgada en la motivación.

Los diputados, en especial Roscio y Miranda ofrecen brillantes fundamentos para formalizar la obra legada por la Junta Suprema. Roscio, fogoso orador expone:

“Creo que la América principalmente Venezuela, procedieron con ignorancia jurando a Fernando VII y no declarando su absoluta independencia inmediatamente que se verificó en España la revolución…

“Me parece inútil hablar sobre la justicia de nuestra causa; todos, creo que, están convencidos de ella.”

El 4 de julio intervienen miembros de la Sociedad Patriótica que estuvieron expectantes (como público) el día anterior. La Sociedad Patriótica consigna a la directiva un escrito, el discurso pronunciado en su seno por Simón Bolívar.

Es un debate rico, mágico, respetuoso. No hay insultos, porque la causa es la misma, la libertad. No hay atropellos, nadie se ofende, ni se “desbarata al que pueda estar en contra” como elucubraron historiadores tiempo después. Francisco de Miranda cataloga el debate como

“El más sabio e importante que la América ha presenciado desde la triste época de su esclavitud”.

El 5 de julio, Roscio Nieves vuelve a intervenir. En cada una de sus frases está la coherencia ideológica de sus ideas que viene expresando desde 1797.

“No hay duda que es obra de Dios que la América empiece a figurar en el mundo y si el premio es igual al sufrimiento debe ser más feliz que la Europa porque ha obedecido más que ella.

“Dios no quiere no puede querer que padezcamos siempre, ni su ayuda infinita ha de permitirlo.

“Este último convencimiento me animó el 19 de abril a unir mis débiles fuerzas a tan grande empresa porque sentí la mano del altísimo y su ayuda. Nadie podrá descansar al ver la felicidad de nuestros esfuerzos y la astucia de nuestros enemigos cuando arrastramos esta decisión sin planes ni más apoyo que nuestra justicia y la confianza en la divina providencia.” (Subrayado nuestro).

Uno a uno intervienen los diputados. Las voces de Miranda y Roscio marcan respetuosa pauta.

El debate concluye con la feliz declaración de la Independencia de la República de Venezuela. El Presidente de turno del Congreso, Juan Antonio Rodríguez Domínguez dejara constancia:

“El anuncio fue seguido de vivas y exclamaciones del pueblo, espectador tranquilo y respetuoso de esta augusta y memorable controversia.”

Si augusta fue la tarea de la Junta Suprema, también lo fue la de aquellos hombres reunidos en el Primer Congreso. Cada uno con sus méritos y virtudes. 

Una vez más, la claridad, lucidez, formación y rapidez mental de Roscio será exigida y reconocida por sus orgullosos compatriotas. Lo que siguió esa tarde lo relata Benito Losada (1953)

“Se designa a Roscio e Iznardy para elaborar el Acta de Independencia: honor inmenso para estos grandes pensadores que los inmortaliza en el más memorable de nuestros documentos. En comisión ambos, junto con Fernando del Toro, llevan el Acta después de aprobada por el Congreso al Poder Ejecutivo con gran despliegue de pompa y ante las aclamaciones de una gran concurrencia.


 Reinaldo BolívarReinaldo Bolívar
Autor: 
Reinaldo Bolívar
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