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Las Reparaciones de la CARICOM: una expresión del cimarronaje en el Caribe

 Las Reparaciones en el CaribeLas Reparaciones en el Caribe

Las Reparaciones de la Caricom: una expresión del cimarronaje en el Caribe

*Autora: Meyby Ugueto-Ponce

 

Witinila 

El negro Witinila 

al monte fue a parar

porque no quiso ser esclavo

quería su libertad

Y le pidió a los santos

de su devoción

que los salvaran del látigo

rudo del mayorá, mayorá

Witinila clamaba por libertad

por eso pal monte yeyeo se fue a parar

Witinila en el monte está sonando un tambó

sonando un tambó para Juanita Ayaró…

 

Compositor: Javier Vásquez. 

Interprete: Ismael Rivera

El Cimarronaje, “episteme de la existencia” 

Maroon, marron, son voces inglesas y francesas respectivamente que provienen de la palabra en castellano cimarrón. Esta última se usaba al principio de la colonia para llamar al ganado vacuno que se escapaba de las plantaciones en la isla La Española (hoy Haití y República Dominicana). Poco se menciona que luego fue usada para llamar a la población indígena esclavizada que huía del yugo español; pero sí se sabe de su asociación con la población negra esclavizada que se fugaba hacia los montes y serranías, para estar fuera del alcance las unidades carcelarias monoproductoras de haciendas, plantaciones, hatos, ingenios, etc. Ya para finales de 1530 la palabra cimarrón era usada principalmente para hacer referencia a estas autoliberaciones, individuales o colectivas, que agenciaban africanas, africanos y sus descendientes. Para esta fecha la palabra cimarrón ya llevaba asociada las connotaciones de “fiereza”, “salvaje” e “inquebrantable” por parte de los colonos europeos (Price, 1981).

 

El cimarronaje como proceso, ha sido tomado como bandera de activistas e intelectuales de la causa afrodescendiente en toda la región, para hacer una propuesta filosófica-existencial y antirracista de la diáspora africana en las Américas, contraria al imaginario de “salvaje” que se asoció a esta palabra. En Brasil, Abdias do Nascimento (Do Nascimento, Abdias, 1980) fue uno de sus primeros exponentes; en Venezuela contamos con los aportes de Jesús “Chucho” García (García, 2006), en Ecuador a Edison León, entre muchos otros y otras, quienes han aportado sus reflexiones intelectuales y militantes para construir conocimiento (episteme) desde lo afro para lo afro.

 

Caracterizo los procesos de cimarronaje como una insistencia de la población africana y sus descendientes de reafirmar su identidad. Los cumbes, rochelas, manieles, palenques y quilombos constituyeron, entre otras, formas de “existir” en la sociedad colonial; fueron una forma de “estar” y de “retar” la subalternización; y, sobre todo, fueron un proyecto sociopolítico alternativo y propio, orientado a rehacer sus vidas de forma colectivamente digna y amorosa.  El sentido ontológico, es decir la búsqueda del “ser”, que posee la decisión de huida es fundamental para esta “episteme de la existencia”, dado que se orientó hacia la conformación de espacios colectivos de libertad, heterogéneos y relativamente autónomos del sistema opresor. 

 

Esta tesis nos permite comprender al cimarronaje más allá de sólo una respuesta a la no adaptación del tutelaje del amo, más allá de la muy extendida idea que alude a la imposibilidad de los fugados a seguir las normas de la autoridad, más allá de ver la huida como una acción irracional de ruptura para aislarse en montañas y selvas; sostengo que el cumbe, por el contrario, fue un lugar para existir, construir, planificar, crear, incluir, dignificar, y sobre todo para amar… Los estudios hasta ahora realizados permiten trascender la limitada idea de que fue un espacio sólo para el pillaje, un espacio para amasijo del resentimiento y la venganza; ideas que lamentablemente han sido asociadas a este espacio de libertad y que han calado sobre todo en el imaginario colectivo.

 

Es por eso que creo que la mirada heurística (desde la investigación) debe centrarse en cómo los africanos y sus descendientes lograron tener la “consciencia” de que el propio sistema esclavista presentaba distintos modos de vivenciarlo, según la decisión del europeo en cuanto al uso del esclavizado como mercancía, según la situación del esclavizado y según la decisión que tomara este ante la situación.  El cimarronaje fue uno de esos tantos modos de vivenciar y resistirse a la esclavitud y, al mismo tiempo, una de las formas de reconstruir y dignificar la vida de las y los afrodescendientes.

 

Las Reparaciones. Una expresión del cimarronaje.

                                                                                                  “Me descubro un día en el mundo y me reconozco un solo derecho: 

                                                                                                Exigir del otro un comportamiento humano (…) Debo acordarme, 

                                                                    a cada momento que el verdadero salto consiste 

                                                                                             en introducir la invención en la existencia” (Fanon, Frantz, 1974) 

 

Estos mismos objetivos que otrora fueron la base del cimarronaje, continuaron y han continuado en la vida de la población descendiente de africanas y africanos en América y el Caribe a propósito de reconstruir sus vidas. Se presenta de diversas y múltiples maneras, a pequeña escala, mediana y, como es el caso de Las Reparaciones, a escalas realmente inclusivas de toda la diáspora. 

 

Las reparaciones se refieren a la demanda global que hicieran inicialmente 15 países integrantes de la Comunidad del Caribe y Mercado Común (CARICOM) desde el año 2013 en la isla de San Vicente y las Granadinas, organizados en la Comisión de Reparación CARICOM para hacer un llamado a la justicia ante el genocidio cometido por las naciones europeas imperialistas de Alemania, Bélgica, Gran Bretaña, España, Francia, Países Bajos, y Portugal, a África y a América, durante el comercio triangular y el sistema esclavista. 

 

La colectivización que hicieran Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Guyana, Jamaica, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam, las Bahamas, Dominica, Granada, Haití, Montserrat, Saint Kitts y Nevis, así como Trinidad y Tobago, en un inicio, y la incorporación de países del continente, como Venezuela (2018), de la necesidad de unir esfuerzos en la búsqueda de visibilización de este crimen de lesa humanidad, nos habla de la necesidad de seguir la reconstitución del ser, de la dignificación como personas, pero sobre todo, es una declaración de identidad política de la diáspora, en un mundo en crisis por las fuerzas renovadas del capitalismo y la homogeneización.

 

Esta exigencia se concentró en el llamado Programa de Justicia Reparatoria del Caribe (CRJP por sus siglas en inglés),  con la aprobación inicial de 14 Estados de forma unánime el 10 de marzo de 2013. A través de un decálogo de claros argumentos, el programa exige 1) disculpa moral pública a los gobiernos europeos, por el atroz hecho de haber agenciado la trata trasatlántica y la esclavitud; 2) un programa  de repatriación de quienes lo necesiten ya que la trata constituyó el mayor ejemplo de migración forzada que ha sufrido la humanidad; 3) un programa de desarrollo para poblaciones indígenas americanas; no puede entenderse el genocidio sin su concomitante apropiación de tierras; 4) la creación de espacios culturales y científicos para la investigación y la construcción de una narrativa reivindicativa de la diáspora con las mismas oportunidades para la población afrodiaspórica; 5) resarcir la deuda en materia de salud de las poblaciones descendientes de africanos, dado el sostenido ambiente de aniquilamiento y stress al que estuvieron sometidos por siglos; enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión, entre otras, deben reconocerse consecuencia de este crimen; 6) participación en la alfabetización de afrodescendientes, a causa de la desatención en la que quedaron sometidos luego de los procesos abolicionistas y de independencia; 7) la construcción de un programa de reconstrucción de conocimientos sobre África, dado el desarraigo del continente madre y la invisibilización de saberes producidos por la diáspora; 8) un plan de rehabilitación psicológica que tome en cuenta, para su superación, la deshumanización a la cual fue sometida la diáspora y la institucionalización de estos mecanismos en todos los ámbitos de la sociedad; 9) un mecanismo para la transferencia de tecnología, considerando que Europa ha alcanzado el estado económico en el que se encuentra, acumulando riquezas a partir de la desposesión de cuerpos e intelecto afrodescendientes, así como de los recursos de la tierra;  y 10) la revisión de la cancelación de la deuda externa; sin una verdadera revisión de las continuidades coloniales y su exterminio, el ciclo del endeudamiento no se acabará. Europa debe estar consciente de su responsabilidad en el sostenimiento del gasto público de problemas sociales ocasionados por la colonización. 

 

El carácter unionista de las Reparaciones es un elemento a resaltar en tanto trasciende la lógica colonial de la fragmentación de la que hemos sido víctimas. Fragmentación en el lenguaje, en la familia, en las fronteras, en lo político administrativo, etc. Y atiende la importancia de reconocer la diversidad como una característica de la Cuenca, pero que posee aún un enemigo común, el colonialismo, el neocolonialismo y el imperialismo. Carácter este derivado de la práctica cimarrona constitutiva de la diáspora.  

 

Césaire nos lo recuerda, 

 

“Es cierto que nosotros construimos una comunidad, pero una comunidad de un tipo muy particular, reconocible en lo que es, en lo que ha sido, reconocible en todo caso en que ella se ha construido en comunidad: en primer lugar, una comunidad de opresión experimentada, una comunidad de exclusión impuesta, una comunidad de profunda discriminación. Por supuesto, y ello va en su honor, comunidad también de resistencia continua, de lucha obstinada por la libertad y de indomable esperanza”(Césaire, 2006).

 

El cimarronaje tiene sobre todo eso, esperanza y dignidad, las que inspiraron a Witinila a tomar la decisión de cesar la humillación que sufría, con su huida; esas que hoy nos siguen impulsando a encontrar la libertad de forma hermanada en la diáspora. Para ello, el cimarronaje como episteme, tiene mucho que decir y aportar en un diálogo que debe plantearse entre iguales, no desde pretendidas ayudas u apoyos humanitarios, que producen amnesia de la deuda histórica que nos corresponde. Aún falta mucho por deconstruir, reconstruir y construir. Las nuevas claves para ello, aquellas que trasciendan los códigos de muerte del capitalismo y el racismo, se encuentran en esta filosofía de la existencia y la dignidad que construyó y sigue haciéndolo, la diáspora africana en las Américas. 

 

Referencias Bibliográficas

Césaire, A. (2006). Discurso sobre el Colonialismo. Ekal Ediciones.

Do Nascimento, Abdias. (1980). O Quilombismo. Documentos de uma militância pan-africanista. Editora Vozes Ltda.

Fanon, Frantz. (1974). Piel Negra, Mascaras Blancas. Schapire Editor S.R.L.

García, J. C. (2006). Caribeñidad: Afroespiritualidad y Afroepistemología. El Perro y la Rana.

García, J. C. De la Pedagogía del Racismo a la Pedagogía del Cimarronaje.

Price, R. (1981). Sociedades Cimarronas. Siglo XXI América Nuestra.


*  Facilitadora del Diplomado de Estudios del Caribe Insular en el módulo VI: Pensamiento político, filosofía y religión en el Caribe.
   Publicado por AiSUR
   Premio Nacional de Periodismo Necesario Anibal Nazoa 2020

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