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Somos música y espiritualidad

Este texto lo escribí por allá por 2012, lo desempolvé cursando el diplomado de saberes africanos, cuando fue preciso conversar sobre música y espiritualidad. Así fue que surgió lo que a continuación leerán…

La música cumple una función social dentro del ciclo de la vida del ser humano en su sociedad, también llamado ciclo vital. Las actividades del ser humano en el recorrido de su vida cambian a medida que crece. La música que acompaña a estas actividades cambia igualmente de acuerdo a la función de la actividad, es decir, para qué le sirve a la persona. Las funciones sociales de la música se pueden entender en 5 tipos de actividades del ser humano, determinados por el momento de su vida: música de nacimiento o infancia, música de trabajo, música de diversión, música de culto y música de comercio.

Los sonidos musicales nacen con nosotros desde la concepción misma con la danza del amor; solo afinemos el oído, unido a los sentimientos y estaremos inmersos en el concierto constante de la cotidianidad. Se fusionan sonidos  y ritmos transformándose  en el lenguaje universal de la música al fundirse cuerpo y espíritu quienes al juntarse como buenos bailadores enlazan gracia, destreza y energía logrando expresar diversos estados emocionales: alegría, paz, tristeza, dolor, nostalgia, euforia y deseo, entre otros.

 

De la niñez

Llevamos la musicalidad entre los aspectos del diario convivir. Es música la voz de nuestras hijas e hijos al balbucear las primeras palabras, su llanto de alerta, el alma avisa y reconoce matices para saber si es nuestro niño o niña la que llora. En el vientre materno nos movemos con la cadencia de las caderas de nuestras madres, el latido de su corazón y su voz es única, los susurros al sisearnos para dormirnos, el tono grave de la voz de papá, la dulzura del timbre musical de la abuela al arrullarnos y luego los cantos, brincos y juegos que rítmicamente  siembra en los subconscientes, el auto reconocimiento y orgullo de ser lo que somos al incorporarles palabras, por ejemplo:

Si tiene su pelo duro

Su mae también lo tiene

Si sus ojos son pelaos

Su pae también los tiene.

Y así se continua cantando y bailando características físicas que no voy a reproducir aquí por la picardía y sexualidad que conllevan. Por otro lado están los cantos de destreza:

Pon pon el dedito en el botón

Pon pon dedito pon

Pon pon todos en el corazón.

Este canto es evidencia de pura motricidad fina cargada de melodía, cantos y brincos en las piernas de esa madre, abuela, tía y madrina sumamente importantes para la salud física y mental de la criatura.

 

Desde Natura y lo cotidiano

¿Quién dice que no es música el repiquetear de la lluvia en un techo de zinc, o en la tierra reseca? El viento entre las ramas de los árboles, la carrera del río sobre piedras, troncos y arena, el crujir de un gran árbol al partirse y caer, el silbido de los bambúes al cruzar el viento en sus troncos unidos a la risa y voces de los niños bañándose en el río con chapuzones, el machete ¡chaz chaz!, el desprendimiento de las grandes hojas del  árbol del pan que arrastran a su paso ramas y troncos secos. Las actividades  del ser humano, relacionadas con sus creencias religiosas, mágicas, su cosmovisión y a sucesos que lo enlazan con el más allá, como la muerte y la fertilidad, tienen una marcada presencia musical. Sonidos del dolor y del miedo: campanas que doblan,  brujas volando, los pasos de las ánimas, el susurro del rosario en las novenas, el chillido de las lechuzas y el canto de las pavitas que nos hablan de muerte segura, una puerta que rechina o el crujir de un mueble de madera,  igualmente  el llanto en los entierros.

Sabrosos los sonidos de la degustación: el sonoro concierto de ollas y sartenes al moverlas, de frituras (pescado, huevos), el toc-toc de nuestros dedos para probar una arepa, el chorro de café que cae del colador, el gorgoteo de una sopa o sancocho al ablandarse las verduras; te va cantando ¡estoy lista, pruébame, cómeme!

Y qué decir de la musicalidad en los saludos: ¡compae oohhh!, ¡adiós pueee!, ¡bueeenas! La narración de historias, sucesos, anécdotas, y hasta chistes, a través del canto entendiendo la gran importancia de la música en la familia, amigos y en la escuela siendo este hecho escenario primario donde se cultiva el amor y pertenencia a la cultura de la comunidad y región donde vive.

Las diferentes voces de llamado y las respuestas, los pregones de los dulces, las granjerías diversas con o sin instrumentos musicales.

 

Somos música

Somos música, ¡sí que lo somos! Recordando nuestros ancestros africanos al escuchar los sonidos y la armonía en los detalles del día a día. Somos música; solo afinemos nuestros oídos, abramos nuestros sentidos y escucharemos el mejor concierto de la vida misma, dirigido por dos grandes directores: el corazón y el sentimiento.


Luisa MadrizLuisa Madriz
Por: Luisa Madriz
Fuente: Correo del Orinoco
Observatorio de medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños

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